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El paso más temerario del valle de Tena: redescubriendo el Puente del Diablo

 

El Puente del Diablo (Puen dero Diaple): un viaje al pasado entre precipicios. Autor: A. Millaruelo Tolsa

Un puente improbable suspendido sobre la historia

En 1929, Amado Millaruelo decidió detenerse en un punto casi oculto del valle de Tena y disparar una fotografía que hoy es un pequeño tesoro histórico. En ella aparece un grupo numeroso de mujeres —y algún acompañante más— posando con serenidad sobre un enclave que, visto desde nuestros días, impresiona por su atrevimiento: el Puente del Diablo de Escarrilla. Aquella imagen, tomada en un tiempo en el que estas sendas formaban parte natural de la vida cotidiana, nos ayuda a comprender la magnitud del lugar y la valentía de quienes lo transitaban, casi como si la montaña no les intimidara en absoluto.

La construcción entre 1882 y 1884 de la antigua carretera C-136 con el puente y el túnel de Lanuza marca, con total seguridad, la desaparición de dos cosas: la necesidad de utilizar el Puente del Diablo como paso obligado entre las dos orillas y, en consecuencia, el abandono del camino que llevaba hasta él, muy deteriorado por las obras y voladuras de la carretera. 

Fernando Biarge en su libro Escarrilla. Valle de Tena del año 2017 describe el Puente del Diablo y explica así su utilidad:

Estaba formado por varias grandes piedras que permitían el cruce del cauce, con la ayuda de un tronco con las ramas recortadas a modo de escala para acceder a la orilla izquierda. Por su forma y situación se le llamó el Puente del Diablo. Hay que pensar que la falta de comunicación hacia el norte obligaba a los de Escarrilla a un gran rodeo por El Pueyo y el Escuach para acercarse a Lanuza o viceversa. Este puente, de complicado uso con carga, permitía un acceso mucho más rápido y directo.

Los evidentes efectos de las voladuras en la Vuelta del Sombrero sobre el antiguo camino tradicional, todavía hoy visibles en la cantidad de derrubios que han sepultado esa ladera cubierta ahora de boj, unidos a la comodidad de la nueva carretera, llevaron al abandono de este camino, siendo la visita del numeroso grupo fotografiado por Millaruelo el único testigo gráfico de alguien cruzando el Puente del Diablo hasta las fotografías actuales, un siglo después.

Que la fotografía muestre a tanta gente subida tranquilamente sobre este puente natural resulta casi desconcertante desde la perspectiva actual. Hoy, para la mayoría, basta un vistazo al vacío bajo los pies para pensárselo dos veces.

El río Gállego desde el Puente del Diablo

El Puente del Diablo: una arquitectura natural singular

El Puente del Diablo, Puen dero Diaple en aragonés tensino, no es una construcción humana, sino un fenómeno geológico sorprendente: dos enormes bloques de roca empotrados de manera natural sobre el río Gállego en la Garganta de Escarrilla. Durante generaciones permitió cruzar de una orilla a otra en el tránsito habitual entre las poblaciones de Escarrilla y Lanuza, así como para acceder a las articas, los campos de cultivo que salpicaban las laderas. Un paso estrecho, aéreo y difícil, tan exigente que prácticamente solo las cabras —además de los habitantes del valle— podían moverse con soltura por él.

La garganta que surca el río Gállego entre Lanuza y El Pueyo solo tiene un vado, situado inmediatamente antes de la desembocadura del río Escarra junto a la badina o poza Galligo en la parte baja del camino de Zagaraliana. Este vado se volvía intransitable cuando el río bajaba crecido, algo habitual la mayor parte del año antes de la construcción de las numerosas presas que domestican la cabecera del Aguas Limpias, principal tributario y verdadero origen de las aguas del Gállego, a mediados de siglo XX. La construcción de la presa de Lanuza a finales de los años 70 del siglo XX, reguló definitivamente con un caudal mínimo este paso, pero fue imperativo buscar una alternativa para unir las dos orillas cuando el caudal no tenía ningún tipo de regulación artificial.

Es justificado suponer que los bloques que forman el puente cayeron de la pared del Solano. Un visible techo muchos metros más arriba de la vertical del puente y bloques a media ladera en la línea entre ese techo y el puente son testigos de que un desprendimiento se produjo ahí. No hay una fecha en la que se estime que sucedió, aunque quizá exista algún tipo de prueba geológica que permita determinarlo. 

Probable origen de los bloques que forman el Puente del Diablo en la Peña Solano.
Fotografía de Feliciano Llanas realizada en 1925

La memoria perdida del Puente del Diablo

Llama la atención cómo las escasas referencias al Puente del Diablo que quedaron escritas en mapas y textos a lo largo de la historia se han perdido de la memoria colectiva en fechas recientes. La construcción de la antigua carretera y, un siglo después, el túnel de Escarra dejaron inservible y obsoleto este esencial paso.

Topónimos desaparecidos como el Salto del Fraile, el Salto del Diablo o la Roca del Miserere, junto a otros que se mantienen hoy en día como el barranco del Infierno o el mismo Puente del Diablo denotan una referencia religiosa constante, fruto probablemente del temor que causaba esta estrecha y peligrosa garganta.

Garganta de Escarrilla a principios del siglo XX con la carretera ya construida. El camino que baja al Puente del Diablo no es apreciable ya. Autor: Juli Soler

El texto La vall de Tena poblicado por Juli Soler i Santaló en el Butlletí del Centre Excursionista de Catalunya de octubre de 1919 describe las gargantas de Escarrilla y de Costechal, como modernamente las conocemos, del siguiente modo: 
Continua son curs vers al SSE., i pel solano de Lanuza, passa besant els conreus del poble d'aquest nom, fins a entrar en el pregon engorxat anomenat el Salto del Diablo, i entaforat pel fons dels cingles de Pacino, d'Escueix, i dels Arreales d'Ezcarrilla, resta invisible en molts indrets. D'aquesta forma i amb 3 quilòmetres de curs surt el riu del congost susdit, desembocant en un gran aixample de la ribera, la plana aluvial del Pueyo. Gran contrast ofereix allí el Gállego després de les recloses gorges d'Ezcarrilla que el precedeixen.

Traducido al castellano: "(El río Gállego) continúa su curso hacia el SSE, y por el solano de Lanuza, pasa rozando los cultivos del pueblo de este nombre, hasta entrar en el profundo desfiladero llamado el Salto del Diablo, y metido por el fondo de los riscos de Pacino, de Escueix (Escuech, Escuach o Escuacho) y de los Arreales (¿quizás los Sarriales?) de Ezcarrilla, queda invisible en muchos lugares. De esta forma y con 3 kilómetros de curso sale el río del congosto susodicho, desembocando en un gran ensanche de la ribera, la llanura aluvial del Pueyo. Gran contraste ofrece allí el Gállego después de las cerradas gargantas de Ezcarrilla que le preceden". 

Más adelante afirma "Vuelve enseguida a estrecharse la ribera entrando en los estrechos de Ezcarrilla. Allí la carretera va a gran altura del río, que en el lugar llamado el Salto del Diablo, no se alcanza a ver en el fondo de su lecho encajonado profundamente".

Soler da una información toponímica valiosísima. Aplica Salto del Diablo a todo el profundo desfiladero que hoy llamamos con el genérico y descriptivo nombre de Garganta de Escarrilla, no a un punto en concreto. Sin embargo, la denominación Salto del Diablo no vuelve a aparecer más en la literatura montañera. Igualmente están desaparecidos algunos topónimos referidos a la "foz de Escarrilla" que recogía García Mercadal en 1923 como "el Salto del Fraile" (este topónimo también aparece en los mapas militares del siglo XVIII) o "la Roca del Miserere".

Mención al Salto del Fraile en el mapa del Cuerpo de Ingenieros del Ejército (siglo XVIII) 

Los primeros mapas modernos añaden confusión al uso del Puente del Diablo. La primera referencia realizada con técnicas topográficas es la minuta del año 1936, en la que aparece el Puente del Diablo como una bifurcación transitable de la carretera. Ubicado correctamente justo al norte de la desembocadura del barranco del Infierno o Articabuena, lo refleja como un desvío de la carretera con paso factible, cuando nunca lo fue. 

Minuta de 1936 donde refleja erróneamente un acceso al Puente del Diablo desde la carretera

El mapa de 1963 sigue trayendo la ubicación y el topónimo, pero ya hace desaparecer el acceso desde la carretera.
Mapa oficial de 1963

La información sobre este lugar se va perdiendo con el tiempo y esto provoca errores totalmente justificados en los escasos autores que tratan de investigar sobre este lugar. El reputado autor Adolfo Castán, quien escribió el libro Puentes históricos de Huesca II, cuenca del Río Gállego, menciona en un artículo en el Diario del Alto Aragón del 17 de julio de 2011 una supuesta sustitución del Puente del Diablo primigenio por otro en el siglo XIX. En el pie de foto que acompaña el artículo nos percatamos de que ha interpretado el puente carretero del siglo XIX como el Puente del Diablo. Dada la orografía del terreno, tan abrupta que obligó a construir un túnel en el estrecho que hoy queda cerrado por la presa de Lanuza, parece improbable que preexistiera un puente de madera en ese lugar. 

Hasta el siglo XVIII, con la adecuación del camino del Solano por el paso d'as Crampas, no se tiene constancia de que exista otro modo de comunicación directa entre Escarrilla y Lanuza. El puente de madera sobre el Gállego del que se conoce su existencia se encontraba frente al pueblo de Lanuza.


El puente carretero del siglo XIX confundido con el Puente del Diablo

La cartografía moderna también ha contribuido a la confusión alrededor del Puente del Diablo. Editoriales aragonesas como PRAMES o Pirineo no lo mencionan y la catalana Alpina denomina El cruce del Infierno a este lugar.

El Puente del Diablo mencionado como El cruce del Infierno en el mapa de Ed. Alpina

Una senda renacida tras décadas de olvido

Lo más notable es que, después de muchas décadas en las que el camino quedó engullido por la vegetación y cayó en desuso, recientemente ha sido parcialmente recuperado. Si bien no es un camino especialmente despejado, de nuevo es posible recorrer esta senda histórica que serpentea por la roca, se asoma a abismos sobre el río y permite alcanzar el puente tal como lo hacían los antiguos habitantes del valle. Las ayudas en forma de escaleras, sogas o peldaños que debieron de tener los antiguos tensinos están, obviamente, desaparecidas en la actualidad.

Pero conviene decirlo sin rodeos: aunque el sendero esté nuevamente localizado, no es en absoluto apto para principiantes. Se trata de un camino estrecho y expuesto, donde un simple tropiezo podría tener consecuencias fatales. Algunos de sus pasos más comprometidos han sido equipados con cuerdas fijas para facilitar el avance, pero aun así sigue siendo una ruta reservada para montañeros con experiencia en terreno aéreo y cierta sangre fría.

Cuerdas fijas sobre la Garganta para subir a Escarrilla desde el Puente del Diablo

Un punto clave en un valle lleno de nombres inquietantes

No hemos encontrado una explicación al topónimo Puente del Diablo para este caso en concreto. Así como en otros lugares que adoptan este popular nombre siempre hay una leyenda que le acompaña y razona de un modo fantástico la construcción u origen del puente, en el caso del Puente del Diablo de Escarrilla tal vez la misma evidencia geológica ha hecho prescindible cualquier otra explicación fabulosa y el término "del Diablo" solo añade contexto a los microtopónimos anteriormente mencionados del Infierno, Fraile, Miserere, etc. 

Quizá por su carácter abrupto y salvaje, el valle de Tena acumula una sorprendente colección de topónimos relacionados con lo sobrenatural: el Puente del Diablo, los Picos del Infierno, el barranco del Infierno, las Crestas del Diablo, el Forato d’os Diaples… Nombres que evocan lo prohibido, lo peligroso o lo inexplicable, y que recuerdan un pasado marcado por supersticiones, relatos de brujería y actuaciones de la Inquisición, cuya sombra todavía vibra en la cultura local.

Crestas del Diablo con todos los topónimos diabólicos

El Puente del Diablo encaja perfectamente en ese imaginario: un paso improbable, colgado sobre una garganta profunda, que parece más propio de un cuento oscuro que de una senda real.

Un lugar visitado… pero desde abajo

Aunque el puente había dejado de recorrerse por su parte superior, la Garganta de Escarrilla ha seguido siendo muy visitada en las últimas décadas. Su cauce es un clásico del barranquismo pirenaico, con una larga tradición deportiva. Aunque los modernos y directos accesos evitan el paso bajo el Puente del Diablo, cientos de barranquistas lo descienden cada temporada, contemplando desde abajo el puente natural que los antiguos vecinos cruzaban sin arnés ni casco, casi como un gesto cotidiano.

Pasando bajo el Puente del Diablo en el descenso de la Garganta de Escarrilla

La fotografía que devuelve vida al pasado

Por eso la antigua imagen resulta tan poderosa. Ver a aquel grupo posando con naturalidad en un lugar que hoy consideramos extremo nos conecta con la fuerza, la costumbre y el coraje de los habitantes del valle. Para ellos, estas rutas no eran una aventura: eran caminos de trabajo, de relación, de supervivencia. Formaban parte de un paisaje vivido, no de una actividad de ocio.

Superposición de la foto antigua sobre la fotografía actual

Un destino para exploradores responsables

Hoy, quienes deciden acercarse al Puente del Diablo lo hacen movidos por la curiosidad, por la historia o por la fascinación de reencontrarse con un fragmento del valle de Tena casi perdido. Pero el camino exige respeto, atención y experiencia. No aspira a ser una ruta turística al uso, ni está preparado para todos los públicos. Es, más bien, una invitación a tocar con las manos la historia del valle, siempre desde la prudencia.

Si te atraen los senderos que cuentan historias, los lugares improbables y la sensación de caminar por un filo suspendido sobre el tiempo, el Puente del Diablo te espera. Un enclave donde la memoria del valle aún late entre las rocas y donde, por un instante, es posible mirar el mundo con los mismos ojos que aquellos habitantes que, sin saberlo, se convirtieron en parte de su leyenda.


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Yo he venido aquí a hablar de mi libro. Senderos de agua del Alto Gállego.

Atribuyen a José Martí aquella declaración de intenciones de tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol. Yo, desde la humildad o el conformismo ya estaba resignado a mantenerme en otro nivel y me había quedado más que satisfecho con adoptar un perro, escribir en un blog y plantar algo en mi balcón cada año. Sin embargo, las situaciones cambian y he cumplido una de esas premisas para ser un hombre completo y ahora, como Paco Umbral en su actuación estelar en televisión, hoy yo he venido aquí a hablar de mi libro. Aquel que caiga en este blog esperando encontrar las habituales historias sobre montañeros de referencia al leer este post se va a sentir defraudado, pero quería tener unas líneas y un ratico para algo en lo que he depositado bastante ilusión.

Cuando Ritxi y un servidor tuvimos la idea de catalogar exhaustivamente los descensos del valle de Tena, concretar esa ocurrencia en una publicación se antojaba algo bastante lejano. Sin embargo, ahora, un mes después de que el libro se haya publicado y con la seguridad que da a los autores saber que está vendiéndose muy bien, me permite como coautor observar reflexivamente el trabajo realizado y el tiempo invertido y concluir que ha merecido la pena.

Tengo que reconocer que ha sido Ritxi el que ha cargado sobre sus hombros el trabajo más duro; él tenía la motivación que me faltaba a mí para ir a explorar lejanos barrancos observados sólo en fotografía aérea, él dio la paliza (virtual) a los aperturistas para conseguir información y él se hincó en solitario una retahíla de descensos ponzoñosos sacrificando tiempo libre y material, sólo por el hecho de cumplir el objetivo de reseñar todo lo conocido y desconocido en el Alto Gállego. Gracias también a él y a su perseverancia se ha publicado la joya escondida del valle –la garganta del Costechal, cuya entrada es la portada de nuestro libro- tras decirle yo unas cincuenta veces la frase: “olvídate, ahí no hay nada” y darme cuenta una vez más de que era él el que tenía razón.

Y finalmente la criatura vio la luz con el interminable nombre de Senderos de agua del Alto Gállego. Barranquismo en el valle de Tena y Tierra de Biescas. El libro rompe con los esquemas establecidos por la costumbre en las guías de barrancos. No hemos convertido el catálogo de barrancos en un concurso de misses; es una recopilación de los descensos que existen en el valle y están los más bonitos, los más deportivos, los más acuáticos y también algunos que –con perdón- son una mierda. Hemos sido sinceros e incluso mi compañero en la autoría que tiene el listón barranquero más bajo que el común de los mortales, ha accedido a reconocer que ciertos descensos no merecen la pena. Los hemos puesto más pequeñitos, con menos líneas y con la consabida coletilla de “para coleccionistas”.

Descubrir y dar a conocer descensos ya abiertos como Santa Orosia, la parte superior del barranco del Infierno, Piniecho, Ollaza, Rimalo, la Garganta del Costechal e incluso haber tenido la suerte de haber realizado el primer descenso del barranco d’as Faxas justo antes de que fuera arrasado por un alud, da un punto de orgullo de autor. Que una vez que la gente lo ha leído todos los comentarios, incluso de quienes no nos lo esperábamos, sean positivos ya te deja lleno de satisfacción.

Aportamos también en el libro una novedad que creemos que es bastante útil en este tipo de publicaciones. La inclusión de ortofotos y mapas a escala 1:10000 que indica perfectamente la aproximación y el retorno, así como la información básica de cada descenso, para poder llevarte el mapa al barranco. Además, al estar hechos en polietileno en vez de en papel, no hay riesgo de que se moje o se rompa. Esto es lo que ha hecho que suba el precio del libro, pero creemos que ha merecido la pena apostar por esta novedad.

En fin, a los que os decidáis a comprarlo, espero que os guste. Enlazo en el lateral del blog el libro en Barrabés y aquí en La casa del libro para quien se quiera hacer un regalo.

Una de foratos: Bal de Tena

Si hubiera que elegir una imagen típica de la Bal de Tena (Valle de Tena) para que todo el mundo identificara la zona, probablemente mucha gente se quedaría con la archifamosa foto de Peña Foratata reflejada en el embalse de Lanuza. Resulta curiosa la importancia que adquiere este pico -más bien modesto comparado con los picos que le rodean- cuando se le observa desde el fondo del valle.


Este pico bicéfalo está rodeado de leyenda. Rafael Vidaller en la Guía del Valle de Tena recoge la historia de la princesa Foratata. "(...)atosigada por los ataques del Pico Moros (Balaitous) -"moro" y "mora" en la mitología altoaragonesa suele hacer referencia a monumentos y tradiciones precristianas- pidió ayuda a las "formigas" (hormigas) de Formigal quienes tras salvarla se pudieron refugiar en los "foratos" (agujeros) que la princesa abrió en sus laderas en señal de agradecimiento, señal de la que le vino el nombre de Foratata."

Aunque esta leyenda es curiosa, la verdadera razón del nombre de Foratata es bastante más prosaica. Efectivamente, Foratata siginifica "agujereada" y es un topónimo bastante extendido en la geografía de la antigua corona de Aragón, encontrando un buen montón de lugares en los que hay un forato, forat o forau que bautice el lugar. En este caso, la explicación la da perfectamente Enrique Villasur y Julio Armesto en su libro Valle de Tena: "Tampoco quiero dejar pasar por alto y olvidarme de comentar el nombre de esta llamativa cumbre. Forato en Aragón quiere decir agujero (...). Esta cumbre tiene en su cresta este un gran forato o agujero, dividiéndola en dos, quedando unida la arista por un puente en la parte superior del Forato, siendo bien visible desde el camino que parte de la Sarra en dirección a Respomuso. (...) volviendo la mirada atrás habremos descubierto el verdadero origen del por qué este nombre de Peña Foratata." Así pues, en este forato esta la razón del nombre de Foratata.


No es el único forato del valle. Al final del valle de la Ripera, por encima del Rincón del Verde (rincón dero Berde) se encuentra el Forato d'os Diaples, una enorme abertura que desarrolló la ya de por sí tendente imaginación de los tensinos a ver diablos, infiernos y brujas en la geografía de su valle. Adjunto un par de reseñas de García Picazo en esta llamativa pared. Es posible cambiar de valle atravesando este llamativo agujero.

Otro forato más. En este caso, el término forato lo incluyo yo porque, sorprendentemente, este gran agujero de piedra en las faldas de Telera no tiene ningún otro topónimo que el de "arco natural". Me sorprende que la tradición no haya dejado huella en el nombre de este lugar tan singular.

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