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El paso más temerario del valle de Tena: redescubriendo el Puente del Diablo

 

El Puente del Diablo (Puen dero Diaple): un viaje al pasado entre precipicios. Autor: A. Millaruelo Tolsa

Un puente improbable suspendido sobre la historia

En 1929, Amado Millaruelo decidió detenerse en un punto casi oculto del valle de Tena y disparar una fotografía que hoy es un pequeño tesoro histórico. En ella aparece un grupo numeroso de mujeres —y algún acompañante más— posando con serenidad sobre un enclave que, visto desde nuestros días, impresiona por su atrevimiento: el Puente del Diablo de Escarrilla. Aquella imagen, tomada en un tiempo en el que estas sendas formaban parte natural de la vida cotidiana, nos ayuda a comprender la magnitud del lugar y la valentía de quienes lo transitaban, casi como si la montaña no les intimidara en absoluto.

La construcción entre 1882 y 1884 de la antigua carretera C-136 con el puente y el túnel de Lanuza marca, con total seguridad, la desaparición de dos cosas: la necesidad de utilizar el Puente del Diablo como paso obligado entre las dos orillas y, en consecuencia, el abandono del camino que llevaba hasta él, muy deteriorado por las obras y voladuras de la carretera. 

Fernando Biarge en su libro Escarrilla. Valle de Tena del año 2017 describe el Puente del Diablo y explica así su utilidad:

Estaba formado por varias grandes piedras que permitían el cruce del cauce, con la ayuda de un tronco con las ramas recortadas a modo de escala para acceder a la orilla izquierda. Por su forma y situación se le llamó el Puente del Diablo. Hay que pensar que la falta de comunicación hacia el norte obligaba a los de Escarrilla a un gran rodeo por El Pueyo y el Escuach para acercarse a Lanuza o viceversa. Este puente, de complicado uso con carga, permitía un acceso mucho más rápido y directo.

Los evidentes efectos de las voladuras en la Vuelta del Sombrero sobre el antiguo camino tradicional, todavía hoy visibles en la cantidad de derrubios que han sepultado esa ladera cubierta ahora de boj, unidos a la comodidad de la nueva carretera, llevaron al abandono de este camino, siendo la visita del numeroso grupo fotografiado por Millaruelo el único testigo gráfico de alguien cruzando el Puente del Diablo hasta las fotografías actuales, un siglo después.

Que la fotografía muestre a tanta gente subida tranquilamente sobre este puente natural resulta casi desconcertante desde la perspectiva actual. Hoy, para la mayoría, basta un vistazo al vacío bajo los pies para pensárselo dos veces.

El río Gállego desde el Puente del Diablo

El Puente del Diablo: una arquitectura natural singular

El Puente del Diablo, Puen dero Diaple en aragonés tensino, no es una construcción humana, sino un fenómeno geológico sorprendente: dos enormes bloques de roca empotrados de manera natural sobre el río Gállego en la Garganta de Escarrilla. Durante generaciones permitió cruzar de una orilla a otra en el tránsito habitual entre las poblaciones de Escarrilla y Lanuza, así como para acceder a las articas, los campos de cultivo que salpicaban las laderas. Un paso estrecho, aéreo y difícil, tan exigente que prácticamente solo las cabras —además de los habitantes del valle— podían moverse con soltura por él.

La garganta que surca el río Gállego entre Lanuza y El Pueyo solo tiene un vado, situado inmediatamente antes de la desembocadura del río Escarra junto a la badina o poza Galligo en la parte baja del camino de Zagaraliana. Este vado se volvía intransitable cuando el río bajaba crecido, algo habitual la mayor parte del año antes de la construcción de las numerosas presas que domestican la cabecera del Aguas Limpias, principal tributario y verdadero origen de las aguas del Gállego, a mediados de siglo XX. La construcción de la presa de Lanuza a finales de los años 70 del siglo XX, reguló definitivamente con un caudal mínimo este paso, pero fue imperativo buscar una alternativa para unir las dos orillas cuando el caudal no tenía ningún tipo de regulación artificial.

Es justificado suponer que los bloques que forman el puente cayeron de la pared del Solano. Un visible techo muchos metros más arriba de la vertical del puente y bloques a media ladera en la línea entre ese techo y el puente son testigos de que un desprendimiento se produjo ahí. No hay una fecha en la que se estime que sucedió, aunque quizá exista algún tipo de prueba geológica que permita determinarlo. 

Probable origen de los bloques que forman el Puente del Diablo en la Peña Solano.
Fotografía de Feliciano Llanas realizada en 1925

La memoria perdida del Puente del Diablo

Llama la atención cómo las escasas referencias al Puente del Diablo que quedaron escritas en mapas y textos a lo largo de la historia se han perdido de la memoria colectiva en fechas recientes. La construcción de la antigua carretera y, un siglo después, el túnel de Escarra dejaron inservible y obsoleto este esencial paso.

Topónimos desaparecidos como el Salto del Fraile, el Salto del Diablo o la Roca del Miserere, junto a otros que se mantienen hoy en día como el barranco del Infierno o el mismo Puente del Diablo denotan una referencia religiosa constante, fruto probablemente del temor que causaba esta estrecha y peligrosa garganta.

Garganta de Escarrilla a principios del siglo XX con la carretera ya construida. El camino que baja al Puente del Diablo no es apreciable ya. Autor: Juli Soler

El texto La vall de Tena poblicado por Juli Soler i Santaló en el Butlletí del Centre Excursionista de Catalunya de octubre de 1919 describe las gargantas de Escarrilla y de Costechal, como modernamente las conocemos, del siguiente modo: 
Continua son curs vers al SSE., i pel solano de Lanuza, passa besant els conreus del poble d'aquest nom, fins a entrar en el pregon engorxat anomenat el Salto del Diablo, i entaforat pel fons dels cingles de Pacino, d'Escueix, i dels Arreales d'Ezcarrilla, resta invisible en molts indrets. D'aquesta forma i amb 3 quilòmetres de curs surt el riu del congost susdit, desembocant en un gran aixample de la ribera, la plana aluvial del Pueyo. Gran contrast ofereix allí el Gállego després de les recloses gorges d'Ezcarrilla que el precedeixen.

Traducido al castellano: "(El río Gállego) continúa su curso hacia el SSE, y por el solano de Lanuza, pasa rozando los cultivos del pueblo de este nombre, hasta entrar en el profundo desfiladero llamado el Salto del Diablo, y metido por el fondo de los riscos de Pacino, de Escueix (Escuech, Escuach o Escuacho) y de los Arreales (¿quizás los Sarriales?) de Ezcarrilla, queda invisible en muchos lugares. De esta forma y con 3 kilómetros de curso sale el río del congosto susodicho, desembocando en un gran ensanche de la ribera, la llanura aluvial del Pueyo. Gran contraste ofrece allí el Gállego después de las cerradas gargantas de Ezcarrilla que le preceden". 

Más adelante afirma "Vuelve enseguida a estrecharse la ribera entrando en los estrechos de Ezcarrilla. Allí la carretera va a gran altura del río, que en el lugar llamado el Salto del Diablo, no se alcanza a ver en el fondo de su lecho encajonado profundamente".

Soler da una información toponímica valiosísima. Aplica Salto del Diablo a todo el profundo desfiladero que hoy llamamos con el genérico y descriptivo nombre de Garganta de Escarrilla, no a un punto en concreto. Sin embargo, la denominación Salto del Diablo no vuelve a aparecer más en la literatura montañera. Igualmente están desaparecidos algunos topónimos referidos a la "foz de Escarrilla" que recogía García Mercadal en 1923 como "el Salto del Fraile" (este topónimo también aparece en los mapas militares del siglo XVIII) o "la Roca del Miserere".

Mención al Salto del Fraile en el mapa del Cuerpo de Ingenieros del Ejército (siglo XVIII) 

Los primeros mapas modernos añaden confusión al uso del Puente del Diablo. La primera referencia realizada con técnicas topográficas es la minuta del año 1936, en la que aparece el Puente del Diablo como una bifurcación transitable de la carretera. Ubicado correctamente justo al norte de la desembocadura del barranco del Infierno o Articabuena, lo refleja como un desvío de la carretera con paso factible, cuando nunca lo fue. 

Minuta de 1936 donde refleja erróneamente un acceso al Puente del Diablo desde la carretera

El mapa de 1963 sigue trayendo la ubicación y el topónimo, pero ya hace desaparecer el acceso desde la carretera.
Mapa oficial de 1963

La información sobre este lugar se va perdiendo con el tiempo y esto provoca errores totalmente justificados en los escasos autores que tratan de investigar sobre este lugar. El reputado autor Adolfo Castán, quien escribió el libro Puentes históricos de Huesca II, cuenca del Río Gállego, menciona en un artículo en el Diario del Alto Aragón del 17 de julio de 2011 una supuesta sustitución del Puente del Diablo primigenio por otro en el siglo XIX. En el pie de foto que acompaña el artículo nos percatamos de que ha interpretado el puente carretero del siglo XIX como el Puente del Diablo. Dada la orografía del terreno, tan abrupta que obligó a construir un túnel en el estrecho que hoy queda cerrado por la presa de Lanuza, parece improbable que preexistiera un puente de madera en ese lugar. 

Hasta el siglo XVIII, con la adecuación del camino del Solano por el paso d'as Crampas, no se tiene constancia de que exista otro modo de comunicación directa entre Escarrilla y Lanuza. El puente de madera sobre el Gállego del que se conoce su existencia se encontraba frente al pueblo de Lanuza.


El puente carretero del siglo XIX confundido con el Puente del Diablo

La cartografía moderna también ha contribuido a la confusión alrededor del Puente del Diablo. Editoriales aragonesas como PRAMES o Pirineo no lo mencionan y la catalana Alpina denomina El cruce del Infierno a este lugar.

El Puente del Diablo mencionado como El cruce del Infierno en el mapa de Ed. Alpina

Una senda renacida tras décadas de olvido

Lo más notable es que, después de muchas décadas en las que el camino quedó engullido por la vegetación y cayó en desuso, recientemente ha sido parcialmente recuperado. Si bien no es un camino especialmente despejado, de nuevo es posible recorrer esta senda histórica que serpentea por la roca, se asoma a abismos sobre el río y permite alcanzar el puente tal como lo hacían los antiguos habitantes del valle. Las ayudas en forma de escaleras, sogas o peldaños que debieron de tener los antiguos tensinos están, obviamente, desaparecidas en la actualidad.

Pero conviene decirlo sin rodeos: aunque el sendero esté nuevamente localizado, no es en absoluto apto para principiantes. Se trata de un camino estrecho y expuesto, donde un simple tropiezo podría tener consecuencias fatales. Algunos de sus pasos más comprometidos han sido equipados con cuerdas fijas para facilitar el avance, pero aun así sigue siendo una ruta reservada para montañeros con experiencia en terreno aéreo y cierta sangre fría.

Cuerdas fijas sobre la Garganta para subir a Escarrilla desde el Puente del Diablo

Un punto clave en un valle lleno de nombres inquietantes

No hemos encontrado una explicación al topónimo Puente del Diablo para este caso en concreto. Así como en otros lugares que adoptan este popular nombre siempre hay una leyenda que le acompaña y razona de un modo fantástico la construcción u origen del puente, en el caso del Puente del Diablo de Escarrilla tal vez la misma evidencia geológica ha hecho prescindible cualquier otra explicación fabulosa y el término "del Diablo" solo añade contexto a los microtopónimos anteriormente mencionados del Infierno, Fraile, Miserere, etc. 

Quizá por su carácter abrupto y salvaje, el valle de Tena acumula una sorprendente colección de topónimos relacionados con lo sobrenatural: el Puente del Diablo, los Picos del Infierno, el barranco del Infierno, las Crestas del Diablo, el Forato d’os Diaples… Nombres que evocan lo prohibido, lo peligroso o lo inexplicable, y que recuerdan un pasado marcado por supersticiones, relatos de brujería y actuaciones de la Inquisición, cuya sombra todavía vibra en la cultura local.

Crestas del Diablo con todos los topónimos diabólicos

El Puente del Diablo encaja perfectamente en ese imaginario: un paso improbable, colgado sobre una garganta profunda, que parece más propio de un cuento oscuro que de una senda real.

Un lugar visitado… pero desde abajo

Aunque el puente había dejado de recorrerse por su parte superior, la Garganta de Escarrilla ha seguido siendo muy visitada en las últimas décadas. Su cauce es un clásico del barranquismo pirenaico, con una larga tradición deportiva. Aunque los modernos y directos accesos evitan el paso bajo el Puente del Diablo, cientos de barranquistas lo descienden cada temporada, contemplando desde abajo el puente natural que los antiguos vecinos cruzaban sin arnés ni casco, casi como un gesto cotidiano.

Pasando bajo el Puente del Diablo en el descenso de la Garganta de Escarrilla

La fotografía que devuelve vida al pasado

Por eso la antigua imagen resulta tan poderosa. Ver a aquel grupo posando con naturalidad en un lugar que hoy consideramos extremo nos conecta con la fuerza, la costumbre y el coraje de los habitantes del valle. Para ellos, estas rutas no eran una aventura: eran caminos de trabajo, de relación, de supervivencia. Formaban parte de un paisaje vivido, no de una actividad de ocio.

Superposición de la foto antigua sobre la fotografía actual

Un destino para exploradores responsables

Hoy, quienes deciden acercarse al Puente del Diablo lo hacen movidos por la curiosidad, por la historia o por la fascinación de reencontrarse con un fragmento del valle de Tena casi perdido. Pero el camino exige respeto, atención y experiencia. No aspira a ser una ruta turística al uso, ni está preparado para todos los públicos. Es, más bien, una invitación a tocar con las manos la historia del valle, siempre desde la prudencia.

Si te atraen los senderos que cuentan historias, los lugares improbables y la sensación de caminar por un filo suspendido sobre el tiempo, el Puente del Diablo te espera. Un enclave donde la memoria del valle aún late entre las rocas y donde, por un instante, es posible mirar el mundo con los mismos ojos que aquellos habitantes que, sin saberlo, se convirtieron en parte de su leyenda.


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Tozal del Mallo: intentonas y falsedades (1944-1956)

Quizás más que en ninguna otra cumbre, la toponimia del Tozal del Mallo expresa una exacta descripción de lo que nos vamos a encontrar antes de verlo; una traducción rápida y chapucera del aragonés -obviando todos los matices que tienen los términos "tozal" y "mallo"- vendría a denominar a este lugar como el "pico del paredón". Otras acepciones que en su día se le dieron como "el trono del diablo" o "el retablo" hoy en día están menos difundidas entre los montañeros, aunque se sigan utilizando en los folletos turísticos por su mayor expresividad romántica.

De apariencia más o menos ciclópea según la situación del observador -parece más ancho desde la entrada al valle y más estilizado según nos vamos internando aguas arriba del Arazas-, esta gran muralla da la bienvenida a los visitantes, turistas y montañeros que se acercan al valle de Ordesa, sobrecogiendo a todos por muy acostumbrado que se esté a su presencia.

En 1953, el gran pirineista francés Robert Ollivier publica el segundo tomo de su famosa guía de los Pirineos en el que da información detallada sobre la primera ascensión al Tozal del Mallo. En ella, sin demasiados detalles técnicos sobre las dificultades de la vía, explica la escalada realizada por Jorge Antonio Gavín y José Luis Rodríguez a la imponente cara sur del Tozal del Mallo el 21 de agosto de 1944. Esta primera ascensión, que fue relatada por el mismo Gavín a Ollivier, pronto se demostró sin ningún fundamento y totalmente falsa. Al respecto, es muy interesante leer el comentario realizado en 2007 por José Antonio Bescós en el Anuario de Montañeros de Aragón dedicado a los 50 años de la –ésta sí- primera ascensión a la cara sur del Tozal del Mallo.

Dice el veterano escalador aragonés: “Editóse la guía por el Sr. Ollivier al arranque de los años 50 y al recibir los primeros ejemplares de la misma en los círculos de Montañeros de Aragón en Zaragoza, se percibió un cierto tufillo a cuento chino en lo relativo a estas dos escaladas, pues aunque el Sr. Pérez/Abadías (así llama J.A. Bescós a Jorge A. Gavín, ya que al principio del artículo explica que no recordaba su nombre, pero que le sonaban alguno de esos apellidos) era remotamente conocido como montañero, en ningún caso se le podía considerar capaz de realizar unas escaladas como las descritas. Además, su compañero, cuyo nombre no recuerdo, resultó no ser conocido por nadie a quien se le cuestionó sobre el caso. Igualmente todos los montañeros (escasísimos por aquel entonces) que en las fechas indicadas acampaban en Ordesa (¡qué tiempos!) o hacían montaña por el macizo, no habían encontrado a nadie en sus ascensiones, ni nadie oyó el más mínimo comentario sobre unas actividades tan extraordinarias para la época. Finalizadas las indicadas pesquisas, se llegó a la sabia conclusión de que a nuestro buen amigo Robert “se la habían metido doblada”, como diríamos hoy en día, pero en aquellos gloriosos años de pudibundez, mojigatería, corrección y racionamiento, sólo le habían faltado a la verdad indecorosamente”.

No sólo en la guía Ollivier plasma Jorge A. Gavín su "primera". En 1952, según relata Jesús María Rodríguez Pozo en su guía Ordesa, Senderos de Piedra, Gavín "firmaba un artículo en la revista Pyrenaica de la entonces Federación Vasca Navarra de Montaña, en la que narraba su primera ascensión en 1944 de esta gran pared". Según lo observado en el croquis de la guía Ollivier, por lo visto Gavín se fijó más en la fisura Picazo que en la chimenea de la Ravier para trazar con su imaginación la apertura que nunca existió.
Como nota curiosa y burlándose -por la parte que le toca- de estas pretensiones aperturistas sin tocar la pared de Gavín, Christian Ravier abre en 2008 en Ordesa, junto a Martín Elías y Alex Corpas, una vía a la derecha de la Rabadá-Navarro del Gallinero, bautizándola con mucho humor como "Los prismáticos de Gavín" en cuya reseña de la escalada afirma que "las murallas de Ordesa son propicias a los delirios".

No es hasta 1954 cuando se produce el primer intento -esta vez real- de conquistar la atractiva pared sur. José Santacana asciende por los primeros largos de lo que unos pocos años después será la Ravier, pero buscando el itinerario más fácil, evita por la izquierda los desplomes que más arriba se le presentan, logrando llegar en alguna tirada más en horizontal a lo que desde entonces se denomina "Plaza de Cataluña". Desde aquí, y aunque se intenta tirar algún largo más en vertical, la realidad se impone y deciden dar por finalizada la escalada, quedando actualmente de ese intento la llamada "travesía Santacana" como manera más fácil de acceder a la Plaza de Cataluña y a las vías que por ella pasan.

Apenas un año después se abre la Gómez-Khan, primera vía que termina en cumbre en el Tozal. Para ello, los escaladores que dan nombre a la vía escalan el espolón este, empezando para ello prácticamente a mitad de pared, accediendo desde el lateral del circo de Carriata. Aunque Rabadá y Pepe Díaz abrieron la parte inferior, hoy en día esta vía prácticamente sólo se realiza como salida de vías como la Despiau, la Anglada-Civis o la Aliga.
Debido a que las dificultades de este pico se concentran en la cara sur -el imponente "mallo del tozal"- a la Gómez-Khan, sin quitarle ni un punto de su carácter de pionera, no se la considera la primera escalada del Tozal del Mallo, dándole ese honor a la Ravier.

Toponimia del Mascún inferior (Rodellar)

Artículos anteriores:
Fantasmas en el Mascún.
La surgencia del Mascún.

En un par de artículos he ido recordando la carga misteriosa que rodea al Mascún. Una tradición antiquísima y un redescubrimiento moderno han dejado en este barranco una impronta toponímica que se solapa entre lo añejo y lo reciente sin saber muy bien qué es lo que corresponde a cada época.

Cada vez que hablo de Guara se hace imprescindible citar a Enrique Salamero. Es en Sierras de piedra y agua donde el autor desmenuza cada rincón de los barrancos, dando a conocer datos, historias y curiosidades que trascienden lo deportivo y muestran la cultura que rodeaba estos lugares antes de la llegada de los primeros “aventureros”. Sólo en el Mascún, sin contar ninguno de sus afluentes, Salamero recoge casi 40 topónimos de cascadas, caminos o puntos geológicos curiosos que debería de conocer aquel que se acerque a este lugar, enclave donde prácticamente cada espacio tiene su leyenda.

En lo que desde Lucien Briet se conoce como el Mascún inferior, la imaginación colectiva –antigua y moderna- ha moldeado las piedras para darle formas familiares o reconocibles, plasmando en la toponimia ciertos nombres que hoy en día son bastante conocidos. Aún así, a mucha gente que reconoce sin dudar cualquiera de estos sitios se le hace difícil saber qué hay de tradición y de actualidad en algunos de esos nombres que nos hemos aprendido. Vamos a hacer un repaso a algunos de ellos.

  • El Beso. Tan romántico nombre es la moderna denominación del Puntarrón, ese lugar en el que la perspectiva nos puede engañar pensando que estamos ante un puente natural de tan próximas que se encuentran las rocas que cubren el Mascún.


  • Le pas du bain des pieds (baño de pies). Con este nombre tan descriptivo rebautizó Briet el Estrecho de la Fuen de l’onso, una badina permanente conocidísima por la foto que realizó el explorador francés en 1904 en la que precisamente se observa la profundidad que da nombre a dicho estrecho. La citada Fuen de l’onso –otra vez, como en la Bal d’Onsera, aparece toponímicamente el oso por estas tierras- se encuentra actualmente semioculta aguas arriba entre roca y vegetación.


  • El zapato o la zapatilla. A mí me cuesta ver un zapato, veo más una locomotora o una “botilde” del 1, 2, 3. Hay quien dice que hay que verlo invertido, o que hay que mirarlo con la punta a la derecha… no me termina de convencer. De hecho, también se conoce como “la pipa”, así que cuando una misma roca da para tantas interpretaciones será porque no está del todo claro su parecido con ninguna de ellas.


  • El bolo d’o Real. Se conoce como O real de Mascún a la zona más ancha del Mascún, entre el Estrecho de la Fuen de l’onso y la fuente Mascún. Este llamativo bolo, que muestra de la fuerza que puede traer el Mascún, se encuentra varado en la orilla izquierda, enfrente del zapato.


  • Cuca Bellostas. Echo mano del Diccionario aragonés de Rafael Andolz para copiar una de las acepciones y dar explicación al topónimo. Cuca: Miembro viril, pene. Bellostas es una casa de Otín, en la que uno de sus habitantes (desconozco si el amo, aunque todo hace pensar que sí) alardeaba de “cuca” y de prole, con gran cantidad de hijos tanto fuera como dentro del matrimonio. Ante tanta fanfarronería, los vecinos de Otín con bastante guasa llamaron “la cuca de Bellostas” a la imponente aguja que domina todo el Real de Mascún.

    Tras la escalada de esta aguja, en 1954 se renombró -sin éxito- como Aguja Manuel Bescós. La explicación la dejo en el texto de los autores de la primera escalada (ver reseña y croquis de la escalada), Fernando Orobigt y Esteban de Pablo: "No consigo quitar de mi mente el recuerdo de aquel aciago día en que un desgraciado accidente cortó la vida en flor del que fue compañero nuestro en la montaña y guía en la escalada, Manuel Bescós San Martín.

    En aquel momento surgió en nosotros el firme propósito de que su nombre brillase con letras de gloria en la cumbre más alta que sin escalar hubiera. (...)Los Montañeros de Aragón (...)hacían a principios de marzo una excursión con el fin de confirmar los rumores oídos sobre la existencia de un monolito de unos 70 metros llamado por los vecinos del lugar la "Cuca Bellosta".

    Distante a media hora del pueblo de Rodellar (Huesca) y enclavado en el Barranco de Mascún, cual centinela perpetuo, yergue su figura colosal el monolito que hoy lleva el nombre del que fue amigo y maestro Manuel Bescós (q.e.g.e.)"


  • Ciudadela. Es el nombre con el que se conoce a la Peña a Costera. Una costera es –vuelvo a copiar a Rafael Andolz- una estribación de montañas y sierras en la proximidad de los pueblos montañeses (…)Suelen ser terreno pedregoso, estéril, muy inclinado, de roca viva con frecuencia.”. Decía Briet de la Peña a Costera que era una “fortaleza extraña, colosal. (…) Surge como ante un conjuro de Lucifer, hecha de roca pálida, manchada aún por la sangre de los que la habían tomado por asalto”.


  • El delfín. Para ver esta impresionante silueta hay que situarse a los pies de la Peña la Virgen, en el inicio de la ferrata. Tradicionalmente este enorme puente de roca y su vecino son conocidos como Os Ventanajes. Recomiendo no perderse la foto esférica de Ignacio Ferrando de la escalada en el Delfín de Rodellar.


  • Sobre escalada, que mucho hay, hablaré otro día.

    Fuente Mascún: el misterio de la surgencia de las aguas y las hayas

    "Terminamos haciendo notar que sería un feliz hallazgo para un aficionado llegar a la caverna por la que corre la Estigia en miniatura que ve la luz del día en la poética fuente de Mascún"
    Lucien Briet, Viaje al barranco de Mascún, 1904

    Existe en el Mascún una curiosidad hídrica a la que -como casi todo en este valle- se le transmite cierto halo legendario. La fuente Mascún es una visible surgencia en el mismo barranco, junto a lugares tan emblemáticos como Os ventanajes (el delfín) o la ermita de la Virgen del Castillo, de la que no se tiene certidumbre de cuál es el origen de sus aguas.
    Fuente Mascún a principios de siglo XX. Fotografía de Lucien Briet

    Dos hechos colaboran a asentar el misterioso origen de las aguas:

    1. La fuente Mascún, por mayor que sea el periodo de sequía, jamas ha dejado de manar agua.
    2. En momentos de crecida, se han observado salir junto al agua, hojas de haya.


    Tradicionalmente se considera que las aguas provienen del río Ara aunque se ha puesto en duda esa procedencia y así lo refleja el panel de interpretación de PRAMES que se ha colocado en la salida de la surgencia. Una de las primeras referencias sobre la supuesta comunicación hidrológica entre las cuencas del río Ara y Rodellar la encontramos en el Diccionario geográfico de España de Pascual Madoz (1845-50) en el que se recoge la creencia de los habitantes de la zona:
    Fuente Mascún a principios de siglo XXI
    Se cree con bastante fundamento que en la sierra de Jánovas se filtra por entre las grandes cavernas que en ella se descubren y da origen a la muy nombrada fuente que nace en el barranco de Rodellar, llamada Mascún, al pie de la sierra de Guara (...) Cuando crece el río Ara la expresada fuente aumenta el caudal de agua que en ella brota, y cuando las avenidas del Ara arrastran hojas de haya, la fuente presenta las mismas hojas.

    Esta afirmación se basa en la inexistencia de hayas en la sierra de Guara y, en consecuencia, en el origen ultramontano de las caudalosas aguas de la surgencia y estas hojas de haya. A pesar de ello y aunque se hacen eco de la creencia popular, ya en 1904 Lucien Briet en su primer viaje al Mascún pone en duda esta teoría: "Pretender que esa fuente sea resultado de las filtraciones del Ara, cerca de Jánovas, será tan absurdo como considerar la fuente de Vaucluse como una filtración salida del Ródano" y se aventura a situar el origen en San Poliz, aguas arriba en la misma cuenca del Mascún. 

    También hace unos años buenos conocedores de la zona como J.A. Cuchí planteaban la duda sobre la procedencia del caudal cuando se preguntaban por la desaparición de las aguas a lo largo del Real del Mascún desde la Cuca Bellostas y la aparición de agua con composición química diferente en la surgencia: “De dónde viene esta agua y adónde van las pérdidas son temas sin resolver. Cabe destacar que la tradición popular indica la presencia de hojas de haya en las crecidas de la Fuente Mascún. Ausente este árbol en la zona, señalan su origen en Boltaña.

    Ciertamente, hoy en día los pinos de repoblación han conquistado una sierra de Guara que antaño, y según observamos en las imágenes tomadas por Lucien Briet, estaban repletos de campos de labor cuando todavía existía vida y pueblos y pardinas en cada lugar medianamente habitable; sin embargo, esta afirmación de la inexistencia de hayas en la Sierra de Guara no es cierta. El libro Flora y vegetación de la Sierra de Guara, escrito por Josep Mª Montserrat i Martí, sitúa el haya común (Fagus sylvatica L.) en los siguientes lugares:

    Cuenca del Vero:
    Sarsa de Surta, umbría del Tozal d'Asba, 1200 m.

    Cuenca del Balcez / Balcés / Balced:
    Cañón del río Balced, desde las Bellostas a los
    Oscuros, entre 1100 y 1400 m.

    Cuenca del Alcanadre:
    Rodellar, río Alcanadre, en la umbría de la Cabeza de Guara, 1200.

    Cuenca del Guatizalema:
    Nocito, bco. de Petriño
    , 1200 m. Bco. Lapillera, 900-1100 m. Bco. de Chemelosas, 1100-1300 m. Lúsera, umbría de la Sierra de la Gabardiella, 1100-1300 m.

    Cuenca del Flumen:
    San Julián de Banzo, umbría de la Peña Mediodía, 1200-1300 m.
    Belsué, vertiente N de la Sierra del Águila,

    Cuenca del Isuela:
    Bentué de Rasal: Monte Peiró, 1100-1300 m.
    Arguis: umbría de la Peña Gratal, 1200-1400 m.

    En este listado observamos que, efectivamente, no aparecen hayas el Mascún, pero no siempre debió de ser así. La toponimia nos sirve de nuevo para llegar a conclusiones que ahora nos sería difíciles de adivinar, dando por hecho que en el pasado hubo más lugares donde existieron estos árboles en la misma cuenca del Mascún.

    Barranco de San Lázaro en las inmediaciones de la Fabosa
    Aguas arribas de Letosa, se unen los barrancos de San Poliz y San Lázaro dando origen al Mascún. Este barranco de San Lázaro y su tributario el Foroñón se juntan en A Fabosa, topónimo que en aragonés, al igual que fabar, significa “hayedo”(fau = haya). Este dato toponímico vendría a apoyar la teoría de Briet de situar la pérdida de caudal en las inmediaciones de San Poliz y lo podría corroborar el hecho de que las hojas de haya de la surgencia del Mascún tenían su origen en este punto, aguas arriba de Rodellar y en la misma cuenca, pero desgraciadamente de las “faus” de A fabosa sólo queda el topónimo, ya que ahora sólo encontramos pinos y robles (caxicos o quejigos). Este hecho, vendría curiosamente a apoyar también la teoría de Briet y ahora no aparecen hojas de haya, sencillamente porque no hay hayas en A Fabosa.

    Barranco d'o Fabar, afluente de la margen izquierda del Mascún
    Aguas abajo, en la orilla derecha del Mascún encontramos el topónimo "fabar" dando nombre a la parte superior del barranco d'a Glera, al oeste de las Neberas (neveras / pozos de nieve) de Bagüeste. De nuevo nos volvemos a encontrar con el mismo caso de la Fabosa, donde el hidrónimo barranco d'o Fabar ha sobrevivido a la existencia de hayas.

    ¿Dónde deberíamos situar el origen de las aguas de la fuente Mascún entonces? Las posibilidades son variadas según lo exigentes que queramos ser con los condicionantes. Un limitante claro es la altitud a la que se sitúa la pérdida de agua, que no puede ser menor que la altura de la salida en la fuente Mascún. Situándose ésta a 710 metros de altura sobre el nivel del mar, debemos descartar toda altura inferior en los cauces contiguos: Alcanadre aguas abajo del Estrecho Alto en el descenso de Gorgas Negras y río Ara aguas abajo del puente de Ligüerre, lo que para mal de la leyenda popular, descarta absolutamente el origen de las aguas en el río Ara en Jánovas, que por otro lado se encuentra a 21 kilómetros de distancia en línea recta.

    Balcez superior desde las inmediaciones de Santa Marina
    Una opción plausible sería situar el origen de las aguas de la surgencia del Mascún en la cuenca del Balcez, donde existe un gran fabar del que Arturo González Rodríguez en su magnífico libro La montaña olvidada recoge el siguiente testimonio: “Según nos cuenta José Pedro Palacio, casa Palacio de Paúles, allá por los sesenta un contratista vasco, Garralda, con sus picadores, sacó a una media de cuatro o cinco camiones diarios, miles de hayas de esta ladera, bajándolos por tiraderas hasta el fondo del río y subiéndolos a la otra vertiente con un torno en la misma cabañera de Sevil, cuya base aún se ve. Desde ahí con machos los bajaban a Sarsa, donde se cargaban.” La cantidad de hayas taladas y las todavía existentes nos dan una idea del gran fabar o hayedo que debió de haber en estas laderas debajo de la ermita de Santa Marina en Bagüeste.

    No obstante, el hecho de la aparición de hojas de haya en la fuente de Mascún habría que ponerlo en un sano escepticismo ya que no hay documentos gráficos ni aún orales de nadie que haya observado el fenómeno en la fuente Mascún. Tal vez la desaparición de los grandes hayedos haya tenido que ver en este hecho o quizás sea sólo una leyenda extendida en el Pirineo; Enrique Satué cuenta la existencia de la Fuen d'os Moros de Escartín cuyo funcionamiento recuerda a lo que sabemos de la fuente Mascún: "Cerca del Barranco de Otal, en la zona denominada Güertos d’Escartín (3º 29' - 42º 33') existe una fuente y una cueva denominadas de los moros; en la última se guardaba una imagen de un santo, y por la surgencia aparecían hojas de haya, lo que hace pensar en que se tratase de un basto complejo kárstico". El barranco d'os Güertos está ubicado como todo el entorno de Escartín en la ladera sur del Manchoya, un gran monte de flysch, así que se hace difícil creer en la existencia de ese basto complejo kárstico. En todo caso, aunque la historia se repita con las mismas protagonistas -fuente y hojas de haya- seguimos sin disponer de ningún documento que confirme la salida de hojas de una fuente.

    Distancia entre el Balcez y la Fuente Mascún
    Volviendo a la afirmación del Diccionario de Madoz, según la cual cuando el río Ara baja en crecida también lo hace la surgencia del Mascún puede estar relacionada simplemente con el aumento sincrónico de todos los caudales en una zona tan pequeña: Guatizalema, Alcanadre, Balcez, Vero y Ara son cinco ríos importantes cuyos cauces apenas están separados por unos pocos kilómetros.

    ¿Qué opciones nos quedan entonces? Si damos por hecho que las aguas provienen de un río por su caudal permanente surgen dudas ¿Es posible que las aguas vengan de la margen derecha en el Alcanadre (algo más de 3 kilómetros hasta la cota 710msnm) y que salgan a la superficie en la margen izquierda? ¿O debemos buscar obligatoriamente el origen en la margen izquierda del Mascún y situar la pérdida de caudal inevitablemente a 5 kilómetros en el Balcez? Si ampliamos las opciones a acuíferos subterráneos el asunto se complica aún más porque las opciones pueden ser numerosísimas: Andrebod, barranco de la Virgen... ¿O atenernos a la explicación de Briet y buscar el origen en el Mascún en el entorno de San Poliz?

    El mismo Briet, en su segundo viaje a Rodellar cuatro años más tarde, tiene tiempo de matizar su teoría sobre el origen de estas aguas al ver como tras una crecida la fuente Mascún manaba abundante pero con agua significativamente más limpia: "Esta aportación se hundía bastante lejos de la fuente, puesto que tenía tiempo suficiente para purificarse de la mayor parte de la arcilla que llevaba consigo, o bien discurría a mucha altura, entre rocas desnudas, lapiazadas, por donde apenas se ensuciaba. Algo más decisivo me sorprendió: el barranco de Mascún y su afluente occidental, el barranco de Nasarre, dejaban salir cada uno de ellos una corriente de agua temporal, debida a las lluvias que acabábamos de presenciar, mientras que el barranco de la Virgen, afluente de la zona este, permanecía completamente seco. El escurrimiento de las vastas pendientes, que esta fisura se había encargado de condensar, se absorbía en su interior por algún lado. Con todos estos datos llegué a la conclusión de que las aguas de la fuente de Mascún procedían, sobre todo, de la sierra de Barced"

    Las aguas subterráneas, como podemos observar en otras muchas fuentes de la sierra como Cienfuéns (Belsué), Tamara (Morrano) o Verrala / Berrala (Lecina) por poner sólo tres ejemplos de los más evidentes, afloran por toda la sierra. Sólo la famosa carga mistérica del Mascún y el hecho de que aparezcan hojas de haya hace que se dé más importancia a descubrir el origen de esta surgencia que de cualquiera de las otras.


    Edito: David_P propone en un comentario utilizar "trazadores" para descubrir si el origen de las aguas está verdaderamente en el Balcez. La explicación del uso de los trazadores me la ha conseguido también David_P gracias al artículo de Espeleobloc (ver enlace: en catalán o en castellano con el traductor de Google).

    Fotografía de la surgencia (Fuente Mascún) realizada por Lucien Briet en la primera década del siglo XX

    Una de foratos: Bal de Tena

    Si hubiera que elegir una imagen típica de la Bal de Tena (Valle de Tena) para que todo el mundo identificara la zona, probablemente mucha gente se quedaría con la archifamosa foto de Peña Foratata reflejada en el embalse de Lanuza. Resulta curiosa la importancia que adquiere este pico -más bien modesto comparado con los picos que le rodean- cuando se le observa desde el fondo del valle.


    Este pico bicéfalo está rodeado de leyenda. Rafael Vidaller en la Guía del Valle de Tena recoge la historia de la princesa Foratata. "(...)atosigada por los ataques del Pico Moros (Balaitous) -"moro" y "mora" en la mitología altoaragonesa suele hacer referencia a monumentos y tradiciones precristianas- pidió ayuda a las "formigas" (hormigas) de Formigal quienes tras salvarla se pudieron refugiar en los "foratos" (agujeros) que la princesa abrió en sus laderas en señal de agradecimiento, señal de la que le vino el nombre de Foratata."

    Aunque esta leyenda es curiosa, la verdadera razón del nombre de Foratata es bastante más prosaica. Efectivamente, Foratata siginifica "agujereada" y es un topónimo bastante extendido en la geografía de la antigua corona de Aragón, encontrando un buen montón de lugares en los que hay un forato, forat o forau que bautice el lugar. En este caso, la explicación la da perfectamente Enrique Villasur y Julio Armesto en su libro Valle de Tena: "Tampoco quiero dejar pasar por alto y olvidarme de comentar el nombre de esta llamativa cumbre. Forato en Aragón quiere decir agujero (...). Esta cumbre tiene en su cresta este un gran forato o agujero, dividiéndola en dos, quedando unida la arista por un puente en la parte superior del Forato, siendo bien visible desde el camino que parte de la Sarra en dirección a Respomuso. (...) volviendo la mirada atrás habremos descubierto el verdadero origen del por qué este nombre de Peña Foratata." Así pues, en este forato esta la razón del nombre de Foratata.


    No es el único forato del valle. Al final del valle de la Ripera, por encima del Rincón del Verde (rincón dero Berde) se encuentra el Forato d'os Diaples, una enorme abertura que desarrolló la ya de por sí tendente imaginación de los tensinos a ver diablos, infiernos y brujas en la geografía de su valle. Adjunto un par de reseñas de García Picazo en esta llamativa pared. Es posible cambiar de valle atravesando este llamativo agujero.

    Otro forato más. En este caso, el término forato lo incluyo yo porque, sorprendentemente, este gran agujero de piedra en las faldas de Telera no tiene ningún otro topónimo que el de "arco natural". Me sorprende que la tradición no haya dejado huella en el nombre de este lugar tan singular.

    Toponimia de Riglos: el Puro

    El Puro: el mallo con la Normal más difícil de Riglos, el más pequeño, el de la cima más minúscula, el que tiene mayor densidad de vías, el último en ser conquistado, el más trágico, el de las prohibiciones, el de la competitividad entre escaladores. Esta pequeña aguja, entosta del Pisón en su base y completamente independiente de éste en su punta ha sido objeto de pasiones y despechos entre escaladores durante su conquista y también escenario de terribles accidentes. Arrastra así mismo una leyenda negra que ya tendré oportunidad de desarrollar en otro momento.

    Al igual que le pasa a la Aguja Roja, este mallo también ha sufrido un baile de nombres a lo largo de su curriculo toponímico. Parece que se le aplica un nombre según cómo le ven sus observadores; primero se le bautizó de una manera cuando no era otra cosa que un elemento más del paisaje desde el pueblo de Riglos, después se sustituyó el nombre tradicional cuando a ese mallo se le veía como objeto de conquista y más tarde tuvo un nuevo bautismo de homenaje o, más bien, de provecho para los escaladores.

    Al Puro ya se le conoce como el Puro en las primeras referencias que de los mallos escribieron los escaladores que a sus paredes se acercaban, pero no era éste el nombre con el que anteriormente se conocía a esta "espina de piedra adosada al dorso del Pisón (...), cacho de piedra que tiene forma de un puro de los que fuman los hombres" como lo definió en Montañas injustas Agustín Faus. Felipe Guinda recoge en su guía de Riglos el término "o fuso" como nombre que se le daba hasta la llegada del siglo XX y los primeros escaladores.

    La imagen es evidente. La comparación de este mallo con un Puro se hace más difícil cuanto más atrás nos vayamos en el tiempo, siendo más aceptable que por similitud se le comparara con un "fuso" o huso, un elemento bastante más habitual en la vida de estos pueblos antes de que llegaran elementos de modernidad como el tren, la carretera, los mismos escaladores o... los puros. Esta similitud con un fuso viene además reforzada por la leyenda de la "Filandera" de Riglos, que construyó los mallos para refugirse de la intemperie que sufría cuando hilaba a orillas del Gállego.

    Después, el nombre de Puro viene a instalarse para terminar quedándose para siempre ¿Para siempre? Difícil es de asegurar cuando de toponimia hablamos. No es el único Puro que se escala. No muy lejos de ahí, tenemos el Puro de Vadiello y también existe un Puro en Beceite y en el Torreón de la Moneda de Contreras.

    Tras la primera ascensión, hubo una intentona infructuosa de rebautizar al Puro con el nombre de Mallo Francisco Franco. Aunque mucho se ha especulado sobre las motivaciones de la cordada para el cambio de nombre, las verdaderas intenciones de M. Bescós, Rabadá y Ángel López "Cintero" las explicó el propio Cintero en una entrevista a Desnivel:

    Pregunta: Cuando llegasteis a la cima del Puro, cantásteis el “Cara al Sol” y lo nombrasteis como Pico de Francisco Franco...
    Respuesta: Eso fue cosa de Bescós. Pensó que con eso se podría sacar “tajada”; no lo hicimos por nada más. Pero aquello no prosperó y jamás se ha vuelto a nombrar. En el pueblo teníamos un alcalde franquista y en esos tiempos las noticias volaban y te facilitaban las cosas.
    Respecto a la microtoponimia, también podríamos destacar un par de términos curiosos en este mallo o más bien en la base norte del Pisón. Por un lado, tenemos la Colilla, esa llamativa entosta a la izquierda de la entrada directa -en evidente referencia al Puro- y otra es un topónimo que también recoge la guía de Felipe Guinda: la cueva Cirila, un pequeño abrigo con restos de hogueras por donde se hace la entrada directa a la Normal del Puro.


    No quiero dejar pasar la oportunidad de hacer una mención al topónimo absolutamente personal por el que conozco al Puro y al Pisón. Siendo yo muy pequeño, mis padres le echaron bastante imaginación y me enseñaron que el Pisón era la palma de una mano y el Puro era el "dedo gordo" y desde crío, siempre que miro los mallos desde Murillo no me puedo quitar la imagen de un Pisón como una mano que me prohibe el paso más allá de estas montañas.

    Toponimia de Riglos: las puntas del Firé


    No había pensado yo, cuando empecé a escribir sobre la historia de los mallos, que estas batallitas de abuelo iban a interesar a gente que no había estado por Riglos. Realmente creía que ni siquiera a los habituales les iban a interesar, pero bueno, aquí seguimos tecleando.

    La razón de este post es que, aunque al blog no le voy haciendo demasiada publicidad, lo cierto es que se va dejando caer gente que me conoce y con la sinceridad que da la confianza, me van sacando fallos al invento, que por otra parte es de lo que se trata. No me sirve de nada publicar estas cosas si luego resulta que nadie me va a corregir los errores que aquí aparecen. Uno de éstos que se deja caer me hizo caer en la cuenta de un fallo del que no me había dado cuenta. Resulta que llevo 9 meses hablando de tal escalador, de tal vía, de tal mallo... y hay gente que no sabe cuál es cada mallo porque no ha venido nunca a escalar aquí.

    Pues vamos a enmendar la omisión. Éste, que en buena lógica tenía que haber sido el primer post del blog, lo publico ahora. No hay demasiado que contar, así que vamos a aprovecharnos de aquello de que una imagen vale más que mil palabras y voy a publicar las fotos comentadas.

    Otro día con más tiempo y más ganas ya iré completando alguna cosa curiosa sobre los nombres.

    El Firé: Llamado antiguamente Mallo de las Diez por saber el pueblo que era esa hora al ver su sombra en un punto concreto, según cuenta Felipe Guinda en su guía de Riglos. Sus 5 puntas son -de más cercanas a más alejadas del espolón- No importa, Mateo, Buzón, Mallafré y Montolar. A éstas se le añaden otras secundarias, la punta Este y el Dedo.

    La primera punta en ser conquistada fue la modesta Punta Buzón, -las fuentes consultadas difieren bastante con la fecha, entre 1929 y 1935- por el pirineista más puntero del momento: Jean Arlaud acompañado de Piero Ghiglione.

    Trece años tardarían -dando por buena la fecha de 1929- los escaladores en conquistar la siguiente de las puntas (17 de agosto de 1942), en este caso el honor de la conquista correspondería a Ernest Mallafré, Francisco Blasi y Juan Bou y conseguirían la punta más alta del Firé a la que se dio el nombre de Punta de los Catalanes, pero tras la muerte de Mallafré sepultado por un alud el último día de 1946, se decidió cambiar el nombre a Punta Mallafré.

    El turno de los aragoneses llegaría poco después conquistando la Punta Mateo. En este caso, también las fuentes difieren tanto con los autores como con la fecha; según algunas publicaciones encontramos a Ángel Serón y Ángel Mateo como conquistadores en 1944, pero según otras fuentes los aperturistas son Mateo Ruiz y L. Lafuente el 1 de junio de 1946.

    Dando por buena esta última fecha, 4 semanas después la Punta No Importa es conquistada rapelando desde la recien hollada Punta Mateo. De esta punta y su nombre falangista ya hablé en su día. Los autores fueron Serón, Millán y Martí (Chichín). La última cumbre por ser conquistada fue la Punta Montolar -el nombre de otra Centuria del Frente de Juventudes- por Serón, Millán y Fau el 14 de octubre también de 1946.


    Las llamadas puntas orientales también han tenido bamboleos toponímicos debido a la falta de información por las primeras ascensiones, ya que alguna vez ocurrió que hubo cordadas que llegaron a sus cimas sin saber que éstas ya habían sido previamente ascendidas y bautizadas. De esta manera, la Punta Este en 1956 se registra con el mismo nombre por el que se conocía a la Mallafré antes de la muerte de éste, es decir "punta de los catalanes". Para terminar de marear al lector, puedo añadir que en algún lugar también se puede encontrar que esta punta se llama Punta Sally (o Sali) por ser el nombre de la vía que la sube.

    Parecido sucede con el Dedo del Fire, que en el mismo año de 1956, el nombre por el que se la conocía era el de Punta Piriqui.
    En próximas entregas, seguiré con el resto de mallos.

    Aquí podéis acceder a reseña de la Travesía de las 5 puntas realizada por Manu Suárez.

    La foto aérea general, no recuerdo de quién me la paso. Lamentablemente, desconozco el autor.

    Agüero: mallos, historia y toponimia

    A pesar de su relativa cercanía, de su indudable belleza y de la contemporaneidad de su conquista, los mallos de Agüero han mantenido un papel de segundones con los mallos de Riglos a lo largo de toda su historia montañera. Tal vez por ser de magnitud más discreta o, más probablemente, por quedar a desmano de las rutas de comunicación –la estación del canfranero, principalmente- Agüero no se vio inmersa en la explosión aperturista que afectó a Riglos en la segunda mitad del siglo XX y apenas tres vías fueron creadas en ese periodo, quedando estos mallos como un reducto de tranquilidad para el escalador de hoy en día.

    La Peña Sola destaca entre los mallos. Visible incluso desde los mallos pequeños de Riglos, este esbelto monolito fue el punto de mira y objeto de deseo de los escaladores de finales de los años 40, cuando las técnicas y los materiales prácticamente se encontraban en pañales. Su conquista fue disputada por cordadas catalanas y aragonesas, sin ningún tipo de tensión entre ellas.

    Pero antes de la conquista de su cima, su base ya había sido objeto de otra conquista, esta vez medieval. La base de la Peña, justamente en su collado con el macizo, estuvo ocupada por un castillo con funciones de vigilancia de aquel anecdótico Reino de los Mallos al que tanto bombo turístico se le da hoy en día. La línea defensiva de las tierras del emergente reino de Aragón se formaba por la unión de los puntos fácilmente defendibles como son Sibirana, Agüero, Loarre, Montearagón, Alquézar… Del castillo de Agüero apenas queda hoy un muro de mampostería -que probablemente sería el relleno del muro de sillares- y alguna referencia documental que refleja su reutilización como cárcel hasta el siglo XVII. De este último uso, sabemos gracias al relato en el que explica el suicidio de un preso allá confinado lanzándose al vacío desde su celda.

    Se dice que la reina Berta gobernaba el Reino de los Mallos desde este castillo. Sea cierto o no, en la reina Berta parece ser que está la explicación toponímica de una enorme cueva que se abre en el macizo y que tiene presencia destacada en el panorama de Agüero: la cueva de la Reina. Otras cuevas de la reina existen en el entorno del reino de los Mallos como son las de Rasal y las de Vadiello, aunque nada tengan de estricta relación con la reina Berta. Otra cueva hallamos en Agüero, ésta bastante más conocida por los escaladores,: la Cueva d’os chitanos (o cueva del gitano). Aquí, aparte de alguna pintura rupestre en blanco de dudosa datación, tenemos unas buenas vías para calentar antebrazo bajo techo, siendo un destino perfecto cuando llueve o aprieta demasiado el sol.
    La primera escalada que se realiza en esta zona corresponde con la del llamativo monolito con forma de huevo en el barranco del Pituelo con un nombre bastante singular. Se llama El cabezón de Mosén Pedro y tiene una explicación bastante evidente; de este mosén –cura en aragonés- se decía que cada vez que se hacía un sombrero las viudas tenían que vestir de rojo. Con semejante cabeza y semejante “mala leche” por parte de sus convecinos, no era de extrañar que adjudicaran un nombre tan descriptivo a dicho mogote. La escalada, de apenas 30 metros, la realizaron Serón, Millán, Peire y Torres mientras se preparaban para la definitiva conquista de la Peña Sola.


    Una puntualización. Desconozco hasta que punto los topónimos aquí descritos tienen tradición histórica o han sido creados por los escaladores. En un estupendo estudio de Lourdes Nasarre y Ángel Rallo, Nómina de las pardinas, partidas y casas de Agüero no aparecen muchos de los topónimos aquí descritos o, en su caso, no figuran exactamente igual que en el artículo enlazado.

    Y para el que le interese, en este enlace hay algo más de la toponimia de la zona.
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