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Lo primero, la montaña

Tozal del Mallo: intentonas y falsedades (1944-1956)

Quizás más que en ninguna otra cumbre, la toponimia del Tozal del Mallo expresa una exacta descripción de lo que nos vamos a encontrar antes de verlo; una traducción rápida y chapucera del aragonés -obviando todos los matices que tienen los términos "tozal" y "mallo"- vendría a denominar a este lugar como el "pico del paredón". Otras acepciones que en su día se le dieron como "el trono del diablo" o "el retablo" hoy en día están menos difundidas entre los montañeros, aunque se sigan utilizando en los folletos turísticos por su mayor expresividad romántica.

De apariencia más o menos ciclópea según la situación del observador -parece más ancho desde la entrada al valle y más estilizado según nos vamos internando aguas arriba del Arazas-, esta gran muralla da la bienvenida a los visitantes, turistas y montañeros que se acercan al valle de Ordesa, sobrecogiendo a todos por muy acostumbrado que se esté a su presencia.

En 1953, el gran pirineista francés Robert Ollivier publica el segundo tomo de su famosa guía de los Pirineos en el que da información detallada sobre la primera ascensión al Tozal del Mallo. En ella, sin demasiados detalles técnicos sobre las dificultades de la vía, explica la escalada realizada por Jorge Antonio Gavín y José Luis Rodríguez a la imponente cara sur del Tozal del Mallo el 21 de agosto de 1944. Esta primera ascensión, que fue relatada por el mismo Gavín a Ollivier, pronto se demostró sin ningún fundamento y totalmente falsa. Al respecto, es muy interesante leer el comentario realizado en 2007 por José Antonio Bescós en el Anuario de Montañeros de Aragón dedicado a los 50 años de la –ésta sí- primera ascensión a la cara sur del Tozal del Mallo.

Dice el veterano escalador aragonés: “Editóse la guía por el Sr. Ollivier al arranque de los años 50 y al recibir los primeros ejemplares de la misma en los círculos de Montañeros de Aragón en Zaragoza, se percibió un cierto tufillo a cuento chino en lo relativo a estas dos escaladas, pues aunque el Sr. Pérez/Abadías (así llama J.A. Bescós a Jorge A. Gavín, ya que al principio del artículo explica que no recordaba su nombre, pero que le sonaban alguno de esos apellidos) era remotamente conocido como montañero, en ningún caso se le podía considerar capaz de realizar unas escaladas como las descritas. Además, su compañero, cuyo nombre no recuerdo, resultó no ser conocido por nadie a quien se le cuestionó sobre el caso. Igualmente todos los montañeros (escasísimos por aquel entonces) que en las fechas indicadas acampaban en Ordesa (¡qué tiempos!) o hacían montaña por el macizo, no habían encontrado a nadie en sus ascensiones, ni nadie oyó el más mínimo comentario sobre unas actividades tan extraordinarias para la época. Finalizadas las indicadas pesquisas, se llegó a la sabia conclusión de que a nuestro buen amigo Robert “se la habían metido doblada”, como diríamos hoy en día, pero en aquellos gloriosos años de pudibundez, mojigatería, corrección y racionamiento, sólo le habían faltado a la verdad indecorosamente”.

No sólo en la guía Ollivier plasma Jorge A. Gavín su "primera". En 1952, según relata Jesús María Rodríguez Pozo en su guía Ordesa, Senderos de Piedra, Gavín "firmaba un artículo en la revista Pyrenaica de la entonces Federación Vasca Navarra de Montaña, en la que narraba su primera ascensión en 1944 de esta gran pared". Según lo observado en el croquis de la guía Ollivier, por lo visto Gavín se fijó más en la fisura Picazo que en la chimenea de la Ravier para trazar con su imaginación la apertura que nunca existió.
Como nota curiosa y burlándose -por la parte que le toca- de estas pretensiones aperturistas sin tocar la pared de Gavín, Christian Ravier abre en 2008 en Ordesa, junto a Martín Elías y Alex Corpas, una vía a la derecha de la Rabadá-Navarro del Gallinero, bautizándola con mucho humor como "Los prismáticos de Gavín" en cuya reseña de la escalada afirma que "las murallas de Ordesa son propicias a los delirios".

No es hasta 1954 cuando se produce el primer intento -esta vez real- de conquistar la atractiva pared sur. José Santacana asciende por los primeros largos de lo que unos pocos años después será la Ravier, pero buscando el itinerario más fácil, evita por la izquierda los desplomes que más arriba se le presentan, logrando llegar en alguna tirada más en horizontal a lo que desde entonces se denomina "Plaza de Cataluña". Desde aquí, y aunque se intenta tirar algún largo más en vertical, la realidad se impone y deciden dar por finalizada la escalada, quedando actualmente de ese intento la llamada "travesía Santacana" como manera más fácil de acceder a la Plaza de Cataluña y a las vías que por ella pasan.

Apenas un año después se abre la Gómez-Khan, primera vía que termina en cumbre en el Tozal. Para ello, los escaladores que dan nombre a la vía escalan el espolón este, empezando para ello prácticamente a mitad de pared, accediendo desde el lateral del circo de Carriata. Aunque Rabadá y Pepe Díaz abrieron la parte inferior, hoy en día esta vía prácticamente sólo se realiza como salida de vías como la Despiau, la Anglada-Civis o la Aliga.
Debido a que las dificultades de este pico se concentran en la cara sur -el imponente "mallo del tozal"- a la Gómez-Khan, sin quitarle ni un punto de su carácter de pionera, no se la considera la primera escalada del Tozal del Mallo, dándole ese honor a la Ravier.

La Norte del Puro: en honor a la verdad (2ª parte)

La Norte del Puro (ver croquis), culminada en 1960 por Alberto Rabadá y Ernesto Navarro tuvo su primera intentona un año antes. Aquella vez acompañaba a Rabadá un joven Gregorio Villarig.
Leer primera parte.

La historia relatada es la misma, pero contada por los dos protagonistas. El texto que narró en 1960 Rabadá está escrito en verde y el de 2003 de Villarig en azul.

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2ª parte:

Alberto Rabadá: "Trepando por los estribos (Villarig) se sitúa de nuevo en el último clavo ¡buen clavo! Otro más arriba le ayuda a terminar el delicado paso, situándose en un "cornisín" desde el que se supera un pequeño nicho a la derecha".

Gregorio Villarig: "Salgo de la reunión nuevamente a libre, paso junto al clavo en la entosta que me había parecido una birria y que lógicamente me ha parado la caída. Sigo y un poco antes de llegar a las presas minúsculas clavo una pitonisa (fabricada donde yo trabajaba) de unos dos centímetros, es buena, pongo un estribo y desde él llego tranquilamente a la presa con forma de naranja y paso la panza"


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A.R.: "(Villarig supera) varias "pancillas" de menor proporción y me da las voces para que me prepare. Tras mis chemequeos en la que bautizo como "Panza del Lamento" y mis apuros para localizar por dónde ha pasado las "pancillas" de marras, llego a una buena cornisa, unos metros por debajo de mi compañero, al que diviso cómodamente arrellanado en otra mejor todavía"

G.V.: "A partir de aquí no sé qué me ocurre, el caso es que entro en un terreno que se me hace fácil, voy trepando pasando las panzas siempre por la izquierda al punto que se me olvida que los clavos existen. Veo una fisura para clavar en el centro del espolón y de repente me doy cuenta de que llevo muchos metros, unos veinte, sin clavar desde la pitonisa, que para el estribo vale, pero a efectos de caída no sirve y luego el clavo de la entosta que ya aguantó el tirón."

Aquí Villarig sigue relatando que, a pesar de que esta tirada hoy se hace en dos largos, él sólo puso tres seguros: el mal clavo que retuvo la caída, la pitonisa del estribo y una melilla que clava en el centro del espolón
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G.V.: "Los chemequeos y dificultades para localizar por dónde ha pasado las "pancillas" su compañero que relata Rabadá se deben a que el clavo está en el centro, la cuerda va lógicamente por el centro y él trata de pasar pasar por el centro hasta que cuando se aproxima a mí y ya nos oímos le digo que lo he hecho casi todo por la izquierda".
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A.R.: "Como la protagonista del cuento, no he contado con los imponderables; esta vez son mi joven compañero, quien se encarga de dar al traste con los proyectos con los que se inició la excursión por esta pared, pues a pesar de habernos subido hasta aquí material de vivac y "bombilleo" en una no muy pesada pero sí molesta mochila, de repente, se ha acordado de que se ha dejado el grifo del baño abierto. Tras asegurarme de que esto es cierto y que no influye para nada haber sufrido alguna lesión en su involuntario "retroceso", me quedo más tranquilo e iniciamos el descenso".

De forma rutinaria Villarig pregunta: -¿Qué hora es?-.-Las tres- contesta Rabadá que ya estaba estudiando cómo resolver el siguiente largo, que probablemente les iba a dejar muy cerca de la cima. Villarig no pensaba que hubiese pasado el tiempo tan rápido y le dice: -eh... pues tenemos que bajarnos-.
Rabadá no entiende nada, "estamos bien" dice "hasta la noche quedan muchas horas y seguro que hasta llegamos al suelo" a lo que Goito contesta "ya sé que llegamos al suelo, pero no al tren".

G.V.: "(Rabadá) se enfada un pelín y aunque no entiende nada, al final comprende que su situación no es la misma que la mía. (...)Yo soy un chaval de diecinueve años recién cumplidos(...) Perder el tren suponía que tus padres no te vieran llegar por la noche, que no había teléfono al que avisar y que pasarían toda la noche en blanco, toda la mañana del lunes y que llegaras entre la una y las dos del mediodía, o sea, que además del susto-disgusto que causabas, podría ocurrir que te despellejaran o, en tono menor, que te prohibiesen salir y, si todavía te quedaba resuello, el martes había que enfrentarse al jefe de personal de la fábrica y explicarle porqué no habías ido a trabajar. Éstos son los hechos y motivos que Edil resume con la frase "mi joven compañero se ha acordado de que se ha dejado el grifo abierto". Lo del material de vivac y el "bombilleo" (se refiere a la comida) debe de referirse a otra escalada o la que hizo con Navarro ¿para qué lo quería subir si jamás pensé en hacer vivac?".

Desde el lugar donde se encuentran contornean la cara interior del Puro y aparecen unos metros por encima de la piedra empotrada del collado del Puro. Destrepan hasta el rápel y desde ahí inician el descenso.

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Julio de 1960

A.R.: "El primer domingo de julio estoy otra vez en Riglos, aunque esta vez mi compañero es Navarro ya que con Villarig no he podido coincidir ningún domingo anterior y ahora anda haciendo méritos para que le den los días necesarios de vacaciones para poder ir a los Alpes"

G.V.:"Ha pasado casi un año y de repente a Rabadá le entran unas ganas inusitadas de ir a terminar la Norte del Puro. Estamos en julio y me propone ir, pero a mí me falta una semana para ir a los Alpes con Manuel Ansón. Tengo movida en la fábrica para que me den una semana de más, cosa difícil en la época (...). Le digo que imposible, el primer domingo que haya después de Alpes. Me dice que no, que pueden venir los catalanes (grupo de Anglada) y "pisárnosla", alegato que hubiera sido bueno de no haber sido porque los catalanes estaban también yendo a los Alpes (...). Intento convencerlo de que lo retrase, dice que se va a buscar otro compañero, se lo propone a Navarro que acepta encantado. Van y la terminan"

La Norte del Puro: en honor a la verdad (1ª parte)


"He estado, si la memoria no me falla, unos cuarenta años mudo". Con esta frase comenzó en 2003 Gregorio Villarig el relato del primer intento a la Norte del Puro en la que él fue, junto con Alberto Rabadá, protagonista. Todo surgió a raíz de la publicación del libro Rabadá y Navarro de editorial Barrabés, donde los autores narraban la historia de la primera intentona de esta vía tomando como fuente documental el artículo escrito por Rabadá para el boletín nº60 de Montañeros de Aragón. Efectivamente, 43 años después de que Edil escribiera ese artículo Villarig aclaraba en el anuario dedicado a los 50 años de la 1ª ascensión al Puro ciertos puntos exagerados, inexactos o directamente inventados por Rabadá, todo ello desde el más absoluto de los cariños y sin ningún afán de revancha ni protagonismo.

La publicación en el blog de Gregorio Villarig de la Norte del Puro con Cecilia Buil (en el artículo que inauguró su blog también contó esta escalada con Toño Carasol) me ha llevado a recordar la historia y transcribir la escalada contada por los dos protagonistas, Rabadá y Villarig. Para aclarar las diferentes versiones transcribiré en verde lo escrito por Alberto Rabadá en 1960 y en azul la réplica de Gregorio Villarig en 2003. Lo que viene a continuación son sólo extractos de sus artículos, recomiendo la lectura de los originales mucho más extensos y entretenidos que lo que yo pueda contar aquí.

Sobre la historia previa que llevó a Rabadá y a Villarig a la Norte del Puro también se publicó este artículo en 2008 en los Cuadernos Técnicos de Barrabés.

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30 de agosto de 1959

Antes de empezar la escalada, estando ya a pie de vía, la cordada se ata con el nudo Edil.
Alberto Rabadá: "Sin hacer mucha fuerza logro convencer a mi compañero para que se ate con un nudo nuevo que estoy experimentando"

Gregorio Villarig: "Es cierto que el nudo, llamado "Edil" desde entonces, se estrenó en escalada ese día. Nos lo pusimos los dos y yo más arriba lo "homologué" cayéndome; no es cierto que yo no supiera de qué iba el nudo, porque ese nudo lo habíamos ensayado muchas veces en el taller de la Avenida de Madrid colgando las cuerdas de una viga de madera del techo".
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Tras superar la cueva del Puro, Rabadá se desvía por terreno nuevo para llegar a la entosta de la Norte y seguir hacia arriba. El roce de las cuerdas les hace cambiar de planes; Rabadá recupera a Villarig hasta la entosta para que monte nueva reunión y corran mejor las cuerdas y continúa Edil hasta debajo de una panza donde monta una reunión "de circunstancias". Sin más problemas, Villarig recupera el largo y comienza a tirar el segundo largo.

A.R.: "Continúa Villarig esta segunda tirada sobre un par de clavos en los que coloca estribos. Otro clavo más y me comunica que esté atento, pues va a salir en libre. Así lo hago y apenas tengo tiempo de oír un leve lamento que turba el pacífico sueño de un par de cuervos que sesteaban en... la peña de Don Justo"
G.V.:"No ocurrió así. Yo salgo de la reunión a libre dos, tres metros y pensando en la reunión, que yo la considero precaria, busco desesperadamente meter un primer clavo de seguro que nos dé un respiro" Aquí Villarig explica su situación: sólo consigue clavar en una entosta que le parece "una auténtica birria" un pitón rarísimo -más ancho que largo- hecho por un herrero según indicación de Rabadá y Cintero en el que se le "ponen los pelos de punta sólo de pensar en colgarse de ese clavo". Villarig sigue hacia arriba sin poder clavar nada más y debido a la dificultad del paso se queda bloqueado sobre presas minúsculas intentando agarrar una buena presa naranja en la siguiente panza. "Pero allí no se puede estar eternamente, las manos se me cansan y los dedos se me escurren, intento de nuevo llegar a la presa naranja pero me he encogido y ya no llego ni a tocarla. Ahora sé que me voy a caer, es cuestión de tiempo que aguenten las yemas de los dedos que ya no las siento. Aviso a mi compañero ¡Rabadá que me voy, que me voooyyyaaymamica mamica! El primer "me voy" lo oyó, la segunda parte de la frase le pareció un alarido"
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Continúa el relato:
A.R.: "No tengo que preguntarle qué ha pasado ya que a mi lado vuelvo a tener al compañero con la cara lo suficientemente explícita para que sobren las palabras que no puede articular. Le pregunto si no se ha salido del encordaje, cosa que lo deja algo consternado. Por mi parte quedo la mar de satisfecho al ver que la única prueba que le faltaba al nudo ha respondido satisfactoriamente"
G.V.: "Cuando me doy cuenta de que me he caído, estoy con los pies separados en la pared, el cuerpo erguido y no me he hecho ni un rasguño. Estoy por debajo de Rabadá, miro hacia arriba y lo primero que veo es su cara con una amplia sonrisa diciéndome ¡pues no te has ido tan lejos! y además "no te has salido" refiriéndose a la incredulidad de Rafael (Montaner) que suponía que si en una caída se salía la cuerda del hombro y caías boca abajo también se saldrían las piernas".

Leer la segunda parte.

Reseñas de la Norte del Puro, aquí.

¿Espeleología en Riglos?

La cueva de la Virgen, la cueva del Puro y la cueva del Palomar son, tal vez en ese orden, las cuevas más famosas de Riglos. Quien venga de fuera y las vea por vez primera pensará que es muy optimista la denominación de "cueva" para lo que no pasa de ser un abrigo o una "balma", pero ésa es la palabra también empleada en otros covachos de las inmediaciones, como son la Cueva d'os Chitanos (o del gitano) en Agüero o las Cuevas de la Reina de Vadiello.

La Cirila en la base de la directa del Puro, la Blanchard entre el Cuchillo y el Frechín, la del Petoste del Cored... son otras de las cuevas de los Mallos producidas por las características geológicas del conglomerado típico de Riglos. Siendo meros huecos en la pared, algunas de ellas tienen sin embargo un halo mágico y fantasioso, a pesar de que su misterio no ha trascendido demasiado; Carlos Gutiérrez en el libro Guía Misteriosa de Aragón recoge la creencia de que una existe una cueva en los Mallos que es una puerta a otra dimensión temporal; esta "cueva del tiempo" algunos habituales de la zona la sitúan en el mallo Magdalena, siendo bien visible desde la pista de los mallos pequeños que se dirige a la fuente de los Clérigos. En todo caso, aquellos que han entrado ahí tras la obligada corta trepada, no manifiestan haber sentido ninguna traslación a otra época. Edito: Charlie responde a mi demanda de auxilio en este tema y aporta su conocimiento. "La historia de la puerta a otra dimensión ya la había oido hace muchos años en un programa nocturno de radio, de esos tipo "cuarto milenio", pero alli la situaban (creo recordar) en el circo de Verano, entre el Fire y el Pisón..."

El tipo de roca da para algún paso bastante estrecho, casi "espeleológico". Cuando Jordi Panyella relataba la ascensión de la chimenea que lleva su nombre, ya hablaba de las angosturas que tuvieron que pasar, viniéndole a la memoria el parecido con las cuevas. Montaner y Rabadá también las pasaron canutas en el penúltimo largo de la Galletas al pasar por la piedra empotrada e inclusó Rabadá tuvo que quitarse ropa para poder avanzar en el Tubo de los Chemequeos en la Vía de los Diedros.

Sin embargo, aunque no me ha sido posible localizarlas sobre el terreno -y llevo ya bastante tiempo buscando y preguntando- parece ser que existen algunas simas en el entorno de Riglos que a mediados de los años 50 despertaron un pequeño interés espeleológico entre los escaladores que frecuentaban los mallos. Desgracidamente, las grutas no deberían de ser gran cosa y hoy en día su localización y sus datos concretos se han perdido o son bastante complicados de encontrar. Sí que es posible en los mapas leer las referencias "Cueba carasol", "O Galocho d'o Tiú", "Cueba Bera" o "Cueba Águila" en el entorno de los mallos chicos, incluso "A cueba manco" cerca del Castillo de Marcuello, pero no parece que ninguna de estas cuevas hagan referencia a algo con el mínimo interés espeleológico.

La información más antigua en la que los escaladores hacen referencia a la espeleología en Riglos la encontramos en el homenaje que le hicieron a Víctor Carilla tras su muerte en el cuarto intento al Puro. Como recordatorio de su paso por Riglos, sus compañeros de Montañeros de Aragón realizaron un pequeño montaje en el que aparecían todas las actividades que el escalador desarrolló en los mallos, figurando entre ellas el descenso realizado el 4 de agosto de 1949 a una sima hasta una profundidad de unos 60 metros.

Es curioso sin embargo que un gran conocedor de estas paredes como fue Rafael Montaner, no parece estar al tanto del dato del descenso de Víctor Carilla y en un excelente artículo que publica en 1957 sobre la escalada en los mallos, toma una actividad realizada por una famosa cordada de escaladores catalanes como la primera actividad espeleológica en Riglos.


"Durante la Semana Santa de 1955, la cordada Torras - Nubiola, de Barcelona, hacen la 3ª al Puro e inauguran una nueva actividad en Riglos: la espeleología. Descienden y exploran la sima cercana al pueblo, de unos 20 metros de profundidad, retacada de barro y grava, reconociendo también otras grutas de montes cercanos"

Son llamativos estos dos datos. Por una parte se da por hecho que J.M. Torras y J. Nubiola son los primeros en hacer espeleología en Riglos, a pesar de que Montaner sin duda conocía el historial de Carilla. Por otra parte, sorprende que también da la información de que existían otras grutas en montes cercanos pero sin incidir acerca de ellas.


Y no acaban ahí las exploraciones espeleológicas. Aprovechando también la Semana Santa, cuando Montaner relata lo sucedido en el año 1956, explica que nuevos grupos se internan en las supuestas profundidades rigleras publicando el siguiente comentario: "En Semana Santa, un grupo de Madrid y Barcelona exploran una sima en el macizo de los Fils que resulta bastante profunda para lo que es normal en los macizos de conglomerado".


Como observamos, la descripción de la modesta actividad espeleológica que se realizaba en los mallos no llamaba la atención más que por lo novedoso que resultaba, pero al contrario de la pormenorización de las piadas en la escalada, aquí se omiten todo tipo de detalles técnicos así como de localización de dichas cavidades. En este último caso por lo menos sabemos centramos más el tiro y sabemos que las exploraciones, exitosas según leemos, sucedieron en el macizo de los Fils.

Como siempre, se agradecen aportaciones a este tema.

La cordada Rabadá - Navarro: 50 años de su primera vía

Extracto del artículo publicado en www.barrabes.com


Al terminar el día 2 de mayo de 1959, dos jóvenes escaladores llegan ya de noche al pequeño pueblo de Riglos. Ambos son de sobras conocidos entre los lugareños y los escaladores de los mallos, aunque no se les haya visto formar cordada juntos hasta ese momento. Uno de ellos, Alberto Rabadá, a sus 24 años ya tiene un currículo montañero envidiable; entre otras muchas actividades, ha realizado la primera repetición de la Peña Sola de Agüero, la Ravier del Tozal del Mallo y la norte de la Torre de Marboré, además de contar con aperturas tan significativas como la normal del Puro, la Serón-Millán al Pisón o la Francisco Ramón Abella (más conocida como la Galletas) al Firé. Con ésta, suma la tercera de las cuatro aperturas que firmó en esa Peña.

El otro escalador es Ernesto Navarro; un año más joven y con menor experiencia en el ámbito vertical. A pesar de ello, se le da un reconocimiento extraordinario por sus escaladas, ya que en los dos años escasos que lleva escalando le ha dado tiempo para abrir la vía Luis Villar al Firé y realizar una de las todavía escasas repeticiones a la normal del Puro tras un largo paréntesis por haberse roto una pierna en la travesía de las 5 puntas del Firé.

Seguir leyendo 50 aniversario de la primera vía abierta por Rabadá-Navarro

Artículo completo en el número 45 de Cuadernos Técnicos.



El Huevo de San Cosme: apertura y ética

Las formas redondeadas y panzudas de los monolitos de conglomerado han llevado a la imaginación colectiva a ver las mismas formas familiares en lugares separados entre sí por bastantes kilómetros de distancia. El Ou de Colom en Montserrat, el Huevo de Morrano o el Huevo de San Cosme son casos parecidos al que ya expuse con los Puros que aparecen por la geografía española.

El 23 de abril de 1951 la cordada formada por los escaladores oscenses de Peña Guara, Casas y Cabrero consigue la cima del Huevo de San Cosme. Otros dos escaladores, Nogués y Lacoma, no pueden seguir a sus compañeros hasta la cima debido a la violenta tormenta de lluvia y granizo que se desata en ese instante, obligando a los escaladores de la cima a descender antes de que sus compañeros pudieran completar la escalada.


Desde los ambientes montañeros aragoneses se les dedican palabras de elogio dado lo dificultoso de la ascensión, que había dejado sin el sabor del triunfo a escaladores consagrados de la talla de Ángel Serón “el Flecha”. La dificultad de la escalada los describía el mismo “Flecha” en estos términos: “En 1947 intentamos cuatro veces el Huevo de San Cosme en Vadiello, pero allí no había forma de clavar nada, a pesar de lo cual llegamos bastante cerca”.


Palabras de elogio recibieron también de la prensa, pero una coletilla en la información desata las suspicacias. El diario “Nueva España” de Huesca, en su número del día 29 de abril, 6 días después de la apertura, termina la noticia con la siguiente frase:



(…) pero las clavijas quedan empotradas para todo aquel que quiera escalar El Huevo. Peña Guara, rumbosa, las cede


Este hecho de que el material quede “cedido” rumbosamente en la vía para el resto de escaladores hace que un cierto malestar circule en los ambientes montañeros de los años 50. Desde Montañeros de Aragón, Tomás Tomás Ichaso, presidente del club por aquel entonces, no incide en el tema y escribe estas líneas en el boletín interno del club: “Los detalles técnicos de la escalada ¡qué importan! Lo que importa es que MONTAÑEROS y ARAGONESES han triunfado plenamente allí donde escaladores de otras regiones hubieron de doblegar su intrepidez ante el coloso de piedra.Para demostrar su valía como montañeros escalaron el “Huevo” y para enseñar su aragonesismo sin límite, lo ganaron, quisieron hacerlo así, el día de San Jorge, Patrón de Aragón


Se publica la siguiente ficha técnica de la escalada:


Tiempo empleado: 31 horas, en cinco asaltos.

Material: 39 pitonisas, 32 clavijas medianas, 3 escarpas, 1 cuerda de 60 metros, 1 cuerda de 50 metros, 1 cuerda de 30 metros, 1 cordino de 50 metros.


Sin embargo, este pasar por encima de los detalles técnicos de la escalada no fue seguido por el Presidente del Grupo de Escalada de Montañeros de Aragón, Francisco Ramón Abella “el Galletas” (sí, el que da nombre a la vía del Firé) que en el siguiente boletín interno del club publica el artículo titulado: “Peña Guara se mueve. Pero…”


Al hacer referencia a la noticia del diario Nueva España, concretamente a esa última frase que he copiado literalmente aquí, el “Galletas” sostiene que aquel colofón de la información “se sale algo de lo que me atrevo a llamar “Ética de la escalada” al menos tal y como muchos la entendemos”.


Para explicar el "pero..." de su opinión sobre la ética, extraigo los siguientes párrafos de su artículo:


Y aquí viene el “Pero…” que deliberadamente he querido demorar un par de meses (…) a fin de no herir posibles susceptibilidades ni empañar nuestra admiración y felicitación a los “jabatos” escaladores que consiguieron (…) pisar por primera vez el “Huevo de San Cosme” (…)


Al tener que realizar el descenso en pésimas condiciones, con las cuerdas mojadas, las clavijas utilizadas en la subida que tenían que haber sido recuperadas por el último, se quedaron donde estaban


Es precisamente este “pero” el que no acaba de resultar bien, sabiendo que entre las leyes no escritas de la escalada, una de ellas es llevar la recuperación de las clavijas, mosquetones y cuerdas al máximo posible. Existe el prurito de no dejar un hierro clavado más que cuando no se puede sacar o para asegurar un rápel si no hay más remedio. Y la cordada que siga, si sabe y puede… sube. Pero ofrecer “rumbosamente” unas facilidades que no han sido solicitadas representa para la mayoría de los escaladores una falta de ética que podría redundar en una abstención hacia la escalada fácil. ¡¡Precisamente la escalada es difícil!! Y cuanto más difícil, siempre que sea posible, más se lucha, más se trabaja y mayor es el anhelo y la satisfacción personal que reporta una vez superada


Escribimos lo que antecede en plan completamente amistoso y con la seguridad de que sabrán comprender los que nos lean, que el principal objetivo de estas líneas es únicamente exponer nuestro deseo de que los escaladores de Peña Guara completen la ascensión al “Huevo” que tuvieron que interrumpir a causa del agua y del granizo, impidiendo la recuperación de parte del material. Y sabemos que los muchachos del Grupo de Escalada de Peña Guara, buenos amigos nuestros no tomarán en mal sentido este “rollo” ya que como escaladores saben perfectamente todo lo que ha quedado expuesto, que he creído necesario hacer constar para conocimiento de los no iniciados





Manu Córdova



Entrevista a Manu Córdova en Desnivel nº274.

Manu Córdova: Hiperactivismo alpino

Un día deportiva, al siguiente Ordesa para liberar Zarathustra, por la noche a Alpes: ¡la McIntyre/Colton está en condiciones! O Alquézar un día, Gavarnie al siguiente, de nuevo Alquézar y luego Gavarnie: a darle un 8c y a escalar los tres muros saliendo por El aliento del diablo y Alois.

Improvisación, energía y mucha motivación son los ingredientes del combustible que pone a 4.000 vueltas a este joven alpinista zaragozano y lo lanza como una flecha contra las paredes alpinas, comprometidos mixtos, liberaciones en pared, desplomes de octavo, montañas himaláyicas y hasta competiciones de la Copa del Mundo.

Edito (ago'09): Unos meses después, Desnivel publica on-line la entrevista.

Bravo, titán.

La Normal del Puro (Riglos): reseña y croquis

Entradas relacionadas:


Puestas sobre la mesa las cartas de ambas cordadas y visto que nadie iba a dejar que la gloria recayera sobre la cordada rival, la carrera por llegar el primero al Puro había dado el disparo de salida. El siguiente día festivo iba a ser el del 18 de julio –festividad en época franquista por el día del golpe de estado contra la república- por lo que las dos cordadas realizaron la misma estrategia: llegar antes a Riglos. Catalanes y aragoneses deciden adelantar la conquista al fin de semana anterior, pero son M. Bescós, Rabadá y Cintero los que consiguen la tarde del 12 de julio llegar al pueblo. Suben a la gran cornisa donde se sitúa la segunda reunión, dejan gran parte del material y descienden de nuevo al pueblo para dormir en casa de don Justo.
"Cintero", Manuel Bescós y Rabadá

Al día siguiente, 13 de julio, los escaladores logran llegar hasta el collado del Puro donde realizan el vivac.

14 de julio de 1953. Desde el collado, por terreno ya conocido en la tentativa del mes anterior, logran llegar en 8 horas hasta la base de la última panza, desde donde tuvieron que rapelar por la tormenta de la última tentativa y donde habían dejado el clásico buzón de las escaladas de la época. Superan la panza con un paso de hombros y al final del día llegan a la cumbre. Tras 6 tentativas previas, dos muertos y 6 años de intentos y prohibiciones, el Puro ha sido finalmente conquistado.

"En la cumbre, después de dar gracias al Altísimo, se canta el Cara al Sol, y como es completamente de noche y es imposible el descenso, se prepara el vivaque, que se presenta sumamente problemático debido al pequeño espacio disponible (unos tres metros).

Teniendo ante los ojos por un lado el imponente paredón del mallo Pisón y por otro el profundo abismo, transcurren lentas las horas esperando el amanecer para emprender el descenso" Descripción tras la ascensión realizada por Cintero.

15 de julio 1953.

Montando el primer rápel con una escarpa y un anillo de cuerda, consiguen llegar en tres rápeles más hasta el suelo donde esperan los compañeros que han seguido desde abajo la escalada. Al cruzar el pueblo para dar gracias a la Virgen del Mallo, se cruzan con la cordada catalana que buscaba también la conquista del Puro y que tuvieron que conformarse con la primera repetición.

Bescós al descender del Puro
Se comenta de Panyella que estalló de ira al enterarse de la conquista del Puro y dirigió duros insultos a la cordada aragonesa. De ese día es archifamosa la foto tomada a las dos cordadas en las escaleras de la iglesia de Riglos. Algo más calmado, Panyella firmaría por última vez en el libro de registro de Riglos: "Veníamos a realizar su primera, pero... ¡llegamos tarde! Sólo al saltar del tren, en el recién inaugurado apeadero de los Mallos, ya nos habían anunciado que: ¡Ya han subido! Nos fuimos a desahogarnos al Fire haciendo la travesía completa y contemplando a nuestras anchas un puro ya fumado por otros."


Descripción de la vía.

La Normal al Puro (ver croquis) es una de las escaladas más repetidas de Riglos. Es habitual ver las colas que se forman en el diedro por las cordadas que se van amontonando en la repisa donde se juntan la entrada clásica y la directa, no obstante, hasta 7 vías (Normal, Norte, Cintero, Makokis, Anglada-Guillamón, Directa a la Norte y la entrada a la Serón-Millán por el collado del Puro) utilizan la reunión anterior a la cueva del Puro, a los que hay que añadir los que pasan por ahí rapelando del Puro. En esta vía más que en ninguna madrugar más que una recomendación se considera una necesidad.

Cordadas aragonesa y catalana en la iglesia de Riglos
En general, bien asegurada, no está de más llevarse unos cordinos para reforzar ciertos puentes de roca bastante dañados por el paso del tiempo y de los escaladores, así como algún fisurero o friend si nos dan miedo los alejes rigleros. El equipamiento combina lo clásico con lo moderno, pudiendo encontrar auténticas reliquias en su recorrido. Aún con todo, la escalada es bastante segura.

Esta vía tiene todo lo que podemos encontrar en los mallos: zonas fáciles, diedros, techos, chimeneas, panzas y desplomes, todo ello en su justa medida. El recorrido, absolutamente lógico y aprovechando las zonas débiles de la pared, no ofrece demasiadas opciones para el embarque.

L1: Comenzar la escalada por la cara exterior, en la vertical de la cima del Puro, unos metros a la derecha del camino.Largo fácil en diagonal a la izquierda. IV+
L2: Continuar por la cornisa hacia la izquierda, sin seguros al principio, pero muy fácil. Superar un paso protegido con un parabolt y una P expansiva y seguir hacia la izquierda hasta dar con la reunión. V Hasta este punto se puede entrar en un solo largo por la entrada Directa desde la cueva Cirila (V+)
Normal del Puro. Última panza
L3: Diedro muy bonito, aunque bastante pulido por el constante paso de los escaladores. Reunión en buena repisa. V+
L4: Largo de trámite. Paso más difícil a la salida de la reunión y después larga y muy fácil travesía a la derecha hasta llegar a la Cueva del Puro. V
L5: Cueva del Puro. Desplome duro -casi techo- que hay que superar abriendo bien las piernas a cada lado de la cueva. Después de eso, un pequeño trámite hasta la reunión. 6a+ (añadir todos los ++++ que se quieran).
L6: Chimenea hasta el collado. Muy pulido en los tramos más estrechos.Frecuentes atascos en días de gran afluencia. Saltarse la primera reunión (rápel, inicio de la vía Cintero) Reunión en el collado, debajo de la piedra empotrada. IV+
L7: Subirse en la piedra empotrada, y dirigirse hacia la cara sur del Puro en diagonal hacia la izquierda. Buscar las zonas más fáciles, encontrando anclajes de todo tipo. Reunión con las argollas muy separadas (triangulación imposible) debajo de la primera gran panza. V+
L8: Superar difícilmente la panza que cubre la reunión (6a) y seguir verticalmente por terreno más fácil hasta llegar, moviéndonos a la derecha, a otra gran panza. Aunque hay reunión, es mejor seguir directamente hasta la cima. En libre o en A0 vencer la úlima dificultad de la vía y por terreno cada vez más fácil montar reunión (tres clavos) en la cima. 6b

Descenso en cuatro rápeles:
1º por la cara interior del Puro,
2º chimenea,
pasamanos y
3º y 4º línea de rápeles paralela al diedro de la entrada directa.

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