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Lo primero, la montaña

Argatín superior: redescubrimiento

En la historia de las exploraciones barranquistas queda poco espacio para la épica. Exceptuando lugares alejados de la tradición deportiva del descenso de barrancos, lo cierto es que lo que nos queda por abrir es aquello que desecharon los que se dedicaron a buscar líneas azules en los mapas antes que nosotros. El caso es que hace ya un tiempo que me estoy dedicando a más a la faceta de “tachabarrancos” que a repetir los conocidos y también le estamos dando bastante a la labor exploratoria. Es un esfuerzo que prácticamente no sale a cuenta por la escasa recompensa que se deriva de bajar por cauces de interés bastante relativo, pero hay veces que te encuentras con sorpresas curiosas.

Una de estas sorpresas fue la del tramo superior del Argatín. El Argatín es el primer afluente barranqueable del Vero; su desembocadura -al lado del parking y prácticamente enfrente del molino de Lecina- era descendida desde hace mucho tiempo como entrada alternativa al Vero en un par de cortos rápeles. Sin embargo, desde la carretera se observaba que su cabecera era una gran cuenca de conglomerado en la que se encajaba algún tramo en la que algo interesante podía haber. Esta creencia se reforzaba cuando se observaba desde las alturas de la margen derecha del Vero –en la aproximación del Basender o Cruziacha- y sobre todo desde la pista de acceso del Fornocal, que recorre toda la divisoria de aguas entre Argatín y Fornocal, donde la entalladura formada por el barranco era evidente.

Sin embargo, el hecho de que este tramo superior no viniera reflejado en ninguna de las numerosas y completas guías que existen de la sierra de Guara hizo que diéramos por hecho durante mucho tiempo que nada interesante se podía esconder en esas grietas que excavaba el barranco. Aún así, la curiosidad era más grande que la evidencia y, aunque la experiencia exploratoria nos había dado más de un escarmiento, parece ser que no terminábamos de darnos por vencidos. De esta manera, algunos habituales de nuestro grupo, aprovechando que estaban ahí, preguntaron en el camping de Lecina y les confirmaron que ese tramo superior del Argatín ya estaba descendido. Seguramente, la poca estima que en la época de las grandes exploraciones se daba a estos cursos de agua sencillos provocó que los aperturistas no hicieran demasiado por dar a conocer este nuevo barranco.

Primer pegue: octubre de 2008

Y pasó el tiempo y ahí fuimos. En la ortofoto del SigPac se observaban tres posibles entradas y no teníamos muy claro por dónde entrar. Yo había estado un par de veces antes echando un vistazo, pero mi manía de ir de exploración con la perra me obligó a observarlo casi todo desde fuera. Cuando llegamos, por un error de ubicación pero sobre todo por las prisas por bajar el barranco, nos metimos en el primer cauce que resultó ser el Afluente izquierda. De esto nos dimos cuenta al llegar al cauce principal, aunque durante todo el descenso ya nos percatábamos que nada de lo que estábamos descendiendo tenía lógica respecto a lo que comparábamos con la fotografía aérea. Ese cauce no tenía un interés demasiado alto; durante todo el descenso creímos estar realizando una apertura, pero al llegar al rápel final nos encontramos con un spit “ochentero” que tuvimos que reforzar con un parabolt en previsión de conservar nuestra integridad física. El último rápel era verdaderamente curioso ya que se atravesaba el agujero que se había formado en una marmita perforada. Un punto realmente bonito, lástima que el resto del descenso desmereciera el conjunto.

Una vez ahí y dándonos cuenta de que realmente habíamos llegado ahora al cauce principal, observé los estrechos que había arriba e intenté remontarlos. La primera escalada de 5 metros la realicé fácilmente en oposición, la segunda un poco más técnica me costó más pero también la pude hacer más o menos bien. Ambos resaltes estaban equipados en cabecera con spits más o menos recientes, pero al observar que los estrechos continuaban decidimos regresar y volver por arriba a descender íntegramente el barranco.

De nuevo, la orientación no nos acompañó. En vez de entrar por el cauce principal, lo hicimos por un afluente a su derecha, pero que nos dio como recompensa un bonito rápel vertical de 35 metros desde el que observamos el largo salto del Argatín Superior. Desde este afluente nos quedamos con dos asignaturas pendientes: la primera, descender el cauce principal cuyo gran rápel teníamos al lado, y la segunda, descender otro afluente de este afluente que tenía un aspecto bastante bueno desde abajo y que mejoraba notablemente la entrada.

Como el día no daba para más, seguimos descendiendo los estrechos hasta la confluencia con el afluente izquierdo donde habíamos terminado antes y tras seguir por el cauce entre el bosque dimos por concluida la actividad al llegar al coche.

Segundo pegue: diciembre de 2008

Volvimos para hacer los deberes que nos habíamos impuesto en la anterior visita y hay que reconocer que esta vez todo salió mejor de lo esperado. Conseguimos dar con los cauces a la primera y además logramos combinarlos sin apenas perder tiempo gracias a una aérea cornisa (o zingla) que enlaza por arriba la cabecera del último rápel del afluente con la cabecera del cauce principal. Pero lo que nos llamó la atención fue un detalle del que no nos habíamos percatado en su momento. En el afluente de entrada, en unos nichos en la línea de rápel había unas cestas cilíndricas de ramas que –desde nuestro nulo conocimiento de la apicultura tradicional- ya interpretamos como antiguas arnas o colmenas y así nos lo confirmó posteriormente Enrique Salamero.

Cuando por fin, tras varios años de dejarlo pendiente, unas cuantas equivocaciones en su localización y a la segunda intentona entramos en el Argatín superior, nos aguardaba una última sorpresa. No encontramos ningún tipo de anclaje que denotara que había pasado alguien por ahí antes que nosotros. Ni un árbol con cordino, ni un puente de roca, ni un spit viejo. Así que equipamos un natural, metimos un par de paraboles y llegamos de nuevo al pequeño circo donde se juntan el afluente y el cauce principal.

Recomendaciones

Aunque el afluente izquierda tiene el bonito rápel del agujero, en conjunto es el que menos merece la pena debido a que gran parte del descenso se puede hacer destrepándolo en zona abierta, los rápeles no son demasiado espectaculares y si lo realizamos nos quedamos sin la opción de atravesar los bonitos estrechos del cauce principal.

De las dos opciones de cabecera, tanto el afluente derecha como el cauce principal son unas opciones recomendables, pero si me dan a elegir, prefiero la entrada del afluente –utilizando para ello el afluente de las arnas- ya que de esta manera encadenamos 3 largos rápeles salvando un desnivel de 85 metros que de la otra manera –por el Argatín superior- evitamos en buena parte destrepando.



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