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Lo primero, la montaña

Disputas en Riglos: Anglada y Guillamón

En el artículo de presentación de este blog recordaba la sucesión de 50 aniversarios en la que estamos inmersos y me quedaba pendiente anunciar los que íbamos a tener. Lo que voy a contar viene relacionado con las aperturas, pero lo voy a enfocar desde otro lado; tras las cordiales relaciones entre las cordadas en la primera a la Peña Sola de la que hablaré otro día y la ruptura de relaciones en la primera del Puro de Riglos (venga, vale, también hablaré otro día), este mismo mes estamos cumpliendo también 50 años del nacimiento de un tira y afloja entre aragoneses y la cordada catalana formada por Anglada y Guillamón por la consecución de “primeras” en los mallos de Riglos.

Juntos o con otros compañeros, Josep Manuel Anglada y “Paquito” Guillamón tienen un currículo impresionante. Numerosas aperturas, picos vírgenes y primeras nacionales por todo el mundo –Norte del Eiger, Walker a las Jorasses, Bonnati del Grand Capucin y Annapurna entre otras muchas- y alguna otra aportación curiosa al montañismo patrio como la introducción en España de las cuerdas de perlón y las cletas.

A pesar de tan tremendo historial, las actividades que realizaron en Riglos fueron motivo de chanza entre los escaladores locales, que se burlaban de la ética de la escalada que esta cordada desarrollaba en los mallos. Lejos de lo que pueda parecer por lo que se va a leer, las relaciones eran –y siguen siendo- más que cordiales entre las cordadas catalanas y aragonesas, pero la competencia en aquella época era feroz y podía llevar a mal disimulados enfrentamientos por entrar en la gloria del aperturismo del momento.

Este sano pique empezó con la primera ascensión al Cuchillo, el 4 de abril de 1958 cuando la cordada Anglada-Guillamón-Cerdá firma la primera ascensión al anguloso mallo ascendiendo por una ruta que se reducía a ascender andando por detrás, pelear con la abundante vegetación existente y coronar el Cuchillo tras poco más de 10 metros de fácil escalada. Exactamente dos años después, los aragoneses Vicente, Bescós, Díaz y Montaner dejan en evidencia esa forma de adjudicarse primeras abriendo en el mismo mallo, pero desde abajo y con difíciles pasos de artificial una atrevida vía cuyo nombre tiene doble mensaje; por una parte es una declaración de intenciones de la filosofía de la escalada y por otra deja un recadito a los que no la respetan ¿El nombre de la vía? Endrija Por donde Dios manda.

Antes de firmar la Por donde Dios manda, ya se había producido otro conflicto; desde Montañeros de Aragón se exigió una rectificación de los catalanes al afirmar éstos en la revista de la Federación Catalana de Montaña que habían realizado la primera repetición de la Serón-Millán al mallo Pisón. El motivo de la protesta fue que Anglada y Guillamón accedieron a la chimenea de la Serón-Millán desde el collado del Puro, evitando de esta manera las enormes dificultades de la zona baja de la vía. Aceptada la corrección con deportividad y buen humor -se armó la de Dios es Cristo, los maños se cabrearon a tope y suerte que nos separaban 300 kilómetros de Zaragoza, si no, nos ponen la cara como un mapa. La pegada de los maños era más fuerte que la nuestra-, la cordada de Barcelona ya tenía la mente en otro proyecto en los mallos por el espolón norte: la Anglada-Guillamón al Pisón.


Fotos y cita de Francesc Guillamón obtenidas del nº16 de Cuadernos Técnicos de Barrabés.

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