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Lo primero, la montaña

Manu Córdova estrena blog


Nuevo blog en la red. Esta vez es Manu Córdova el que lo firma.

http://manucordova.blogspot.com

Actualización. NUEVO BLOG:
http://red.barrabes.com/ManuCordova/


Excepcional alpinista y escalador, además de excelente persona, Manu tiene a pesar de su juventud un curriculum montañero envidiable.

Confío en que el blog que ahora abre, sirva para que todos podamos apreciar aún más si cabe su enorme capacidad montañera y nos traiga a través del ordenador una pequeña parte del empuje y la motivación que caracterizan a este escalador.

Suerte con el blog, Manu. Estaremos atentos a todas las novedades que allí cuelgues.

Riglos: Macizo de los Fils

El macizo de los Fils, situado al este de Riglos, cierra la discontinua aunque colosal barrera que se abre desde el Firé y que forma lo que genéricamente conocemos como los Mallos de Riglos. Olvidada desde hace unos cuantos años por su aproximación más larga que para cualquiera de los mallos grandes o chicos, su diferente calidad de roca del conglomerado al que estamos acostumbrados y la relativa escasez de vías, este Macizo de los Fils encierra sin embargo bastantes sorpresas y mucha historia.

Hoy en día, parece que esta zona está despertando algo más de interés que hasta hace poco tiempo. Las estupendas vistas desde el mirador de los buitres, la ferrata del Cubilillo y datos históricos como el hecho de que en este macizo Rabadá y Navarro abrieran la primera y también la última de sus vías, son argumentos para acercarse por estas paredes para escalar algo o, esto es totalmente recomendable, venir a ver una de esas increíbles puestas de sol de Riglos.

Varias son las zonas en la que los escaladores han dividido por sectores este macizo:

Circo de los Clérigos (cara este) y cara norte:


Bonito y tranquilo rincón, donde alguna vía recorre esta zona por las debilidades que ofrece la pared, generalmente por fisuras, espolones y diedros abiertas casi todas a mediados de los 70 por Jesús Vallés, Fernando Orús, Alfonso del Corral y Ambrosio García-Izquierdo entre otros. Algún nombre curioso adorna esta zona, como la Fisura Carlitos, bautizada así por ser abierta el 23 de noviembre de 1975, día de la coronación como rey de Juan Carlos de Borbón.

Peña Don Justo:

Conquistada ya en 1947 por una cordada encabezada por Ángel Serón, el nombre de la peña responde a la dedicatoria que los aperturistas le hicieron a don Justo Garasa, vecino del pueblo muy querido por los escaladores por ofrecer alojamiento a éstos en su casa. En esta peña realizó la cordada Rabadá-Navarro la apertura de su primera vía, la vía de los Diedros (1959) y es también precisamente en este modesto monolito donde Alberto Rabadá abrió su mayor cantidad de vías en un mismo mallo o peña, con un total de cuatro: la oeste (con Pepe Díaz), la Edil (con Julián Vicente y Pepe Díaz), la de los Diedros (con Ernesto Navarro) y la de la Risa (con Ernesto Navarro y Ursi Abajo).

En 2007, Toño Carasol y Gregorio Villarig en un primer momento y ambos dos con Ángel López “Cintero” en una segunda parte, abrieron la última vía de la Peña: la vía Alba Villarig, a la izquierda de la vía de la Risa.

El Tornillo y el Falso Tornillo:

La estratigrafía del conglomerado de los Fils, que alterna zonas arenosas y muy erosionables con otras más duras, lo que proporciona un aspecto plagado de techos y cornisas a los monolitos. La imaginación de los escaladores a echado el resto y ha bautizado como Tornillos a un par de pequeñas peñas situadas al sur de los Fils.

La última vía de Rabadá y Navarro (vía Miguel Vidal, grabada por éste en la película Siempre Unidos) se realizó en el Falso Tornillo.

Ravier al Tozal del Mallo: Repeticiones y más repeticiones

Tozal del Mallo: primeros intentos
Ravier al Tozal del Mallo: apertura y croquis

Primera repetición, que resultó no serla: cordada Despiau-Bellefon

Agosto de 1957: Cuatro meses después de que la vía Original o de los Franceses fuese abierta, otros dos insignes escaladores galos se dirigen por el mismo camino que sus predecesores a realizar la primera repetición de la vía; se trata de Patrice de Bellefon y de Raymond Despiau. Debido a que el verano ya está en su apogeo, el descenso desde la brecha no lo hacen con esquís como Ravier y compañía, sino caminando mientras disfrutan del espectáculo que Ordesa ofrece desde las alturas.

A pesar del peso de su material de vivac, se puede decir que andan bastante ligeros debido a que, gracias al croquis que les han cedido los aperturistas, saben que el material a cargar no es excesivo ya que la vía ha quedado prácticamente equipada con 35 clavos a lo largo de toda la vía, algunas cuerdas fijas, mosquetones e incluso estribos en los pasos más comprometidos. Con estas previsiones, Bellefon y Despiau se preparan a pie de vía, seleccionando de manera previsora algunos pitones que les puedan hacer falta y comienzan la escalada.

Tras algunas dudas por el itinerario a seguir ya que los primeros largos están sorprendentemente desequipados, al llegar a la Chimenea característica Bellefon logra superar en libre el paso gracias a una oposición que en aquellos tiempos todavía era posible hacer sin deslizarse irremediablemente hacia abajo como hoy en día. Un poco más arriba, en el largo más exigente, lo que hasta ahora era una más que fundada sospecha se convierten en evidencia; tras 6 largos no han encontrado ni un solo pitón y todo parece indicar que no están realizando la primera repetición como ellos creían y que, quien la haya hecho antes, se ha llevado todo el material dejado por sus compatriotas.

En el siguiente largo, por fin tienen un motivo de alegría: encuentran el primer pitón de toda la vía, aunque poco después la situación se acaba de complicar por el bloqueo de las cuerdas; con el material claramente escaso, las cuerdas atascadas, varias caídas previas y sin estar del todo convencidos de hallarse en la vía más que por las referencias que les dan algunas marcas de despitonaje, Despiau se ve obligado a jugarse la vida con una maniobra muy arriesgada: clava un dudoso clavo, se desata del encordaje y se ata a la cuerda de izado del petate que previamente ha fijado al clavo, se da unos metros para tratar de llegar a una cornisa que observa más arriba y sale a la aventura, atado con la cuerda del petate a un mal pitón como único seguro. Finalmente todo sale bien y aunque Bellefon tiene que subir recogiendo aros porque las cuerdas siguen sin correr -amén de una caída sin más consecuencias- , finalmente se pueden reunir los dos con el susto en el cuerpo en el vivac antes de entrar en la chimenea.

Al día siguiente, sin más contratiempos recorren la chimenea hasta la cima donde quedan con la duda de quién habrá dejado esos muros desequipados.

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Unos meses antes...

Primera repetición: cordada Rabadá-Montaner-Bescós

Mayo de 1957: Un mes después de que la vía Original o de los Franceses fuese abierta, tres insignes escaladores aragoneses se dirigen desde la pradera de Ordesa a realizar la primera repetición de la vía; se trata de Alberto Rabadá, Rafael Montaner y José Antonio Bescós. Para ellos, la apertura de la sur del Tozal ha supuesto un duro golpe. Llevaban tiempo queriendo ir a realizar esa escalada, pero dejaron pasar el tiempo y la cordada francesa terminó por adelantarse.

En esta ocasión, apenas pudieron subir unos 80 metros debido a las condiciones meteorológicas, pero no se fueron de vacío. En apenas un par de largos, pudieron recuperar de la pared con absoluta incredulidad varias clavijas, algunos mosquetones y unos estribos. Se hacía necesario volver a aquella especie de “cueva de Alí Babá” del que salía gratis el ultramoderno material francés.

Unas semanas después de esa retirada, entre el 20 y 22 de junio de 1957, justo antes de volver a Ordesa, Alberto Rabadá y Rafael Montaner abren la Serón-Millán junto a Pepe Díaz y Ángel López "Cintero", empezando de esta manera a dar por terminados viejos proyectos colgados desde hace tiempo. Por lo visto, la experiencia con la cordada de Ravier en el Tozal les ha valido para no dejar en suspenso sine die las vías pendientes y darse prisa en culminar los proyectos.

Junio de 1957: la cordada aragonesa vuelve a la vía y tras recorrer de nuevo los primeros largos, llegan a las primeras dificultades serias (el diedro y la Chimenea característica). En palabras de José Antonio Bescós, “recibimos como singular maná varios largos de cuerda extraplomados, equipados con relucientes clavijas abandonadas por nuestros predecesores en clara ostentación de su boyante economía. Lógicamente, la respuesta de nuestros autárquicos y magros recursos ante tamaño despilfarro fue dejar la vía absolutamente limpia”.

De esta manera, terminaron al día siguiente la vía con algo más de 70 clavijas (las que llevaban y las 35 que recuperaron) y descubrieron la rentabilidad que supondría poner Francia como destino de sus próximas escaladas. También se explica en ese afán por el clean-climbing el que los aragoneses tardaran 22 horas (5 más que los franceses) en realizar esa escalada.

Tozal del Mallo (1957) Ravier

En la Semana Santa de 1957, un grupo de cinco escaladores franceses atraviesa con los esquís la Brecha de Rolando para llegar a Ordesa y, después de dejar sus tablas en las proximidades de la cima del Tozal, continúan descendiendo hasta la pradera para alojarse en la antigua casa Viu donde pasarán la noche. Al día siguiente, realizan la subida de Carriata hasta la base del Tozal donde se preparan para realizar una de las más importante aperturas que hasta entonces se había realizado en Aragón.

Jean Ravier, Claude Dufourmantelle, Marcel Kahn, Claude Jaccoux y Noël Blotti forman el grupo de escaladores que están superando las murallas de la imponente cara sur del Tozal del Mallo. Su presencia queda ignorada desde las profundidades de la pradera de Ordesa, donde nadie sospechaba que hubiera alguien escalando hasta que no llega la noche y la luz de los frontales delata su presencia al inicio de la larga chimenea que lleva a cima.

En los primeros largos siguen el itinerario realizado por José Santacana en su intentona de realizar la primera, pero allá donde él se desvió hacia la “plaza de Cataluña”, los escaladores franceses continúan el trazado vertical y directo que se habían propuesto a realizar. Tras las falsedades de Jorge A. Gavin y los intentos de Santacana, los franceses se encuentran con otra sorpresa: a 100 metros de la base, las enigmáticas iniciales “C.I.” aparecen grabadas en la pared.

Tras los primeros largos ya recorridos por Santacana, el primer paso de compromiso es el gran desplome de la “chimenea característica” como es conocida desde entonces. A base de pitones y de dejar cuerda fija, logran superar en artificial un paso que hoy en día ha quedado absolutamente pulido por el paso de los escaladores. Al terminar ese primer paso complicado, todavía les queda una buena sección de desplomes con la que terminan de apurar el día.

Al día siguiente, sólo les queda recorrer la chimenea que, fácilmente, van superando hasta llegar a la cima. En apenas 17 horas de escalada efectiva completan el recorrido, tras dejar la vía prácticamente equipada con 35 pitones de los casi 100 que se colocaron, mosquetones, cuerdas fijas y un estribo.

Es probable que todavía no se le dé a la apertura de la Ravier la importancia que realmente tuvo en el desarrollo de la escalada en Aragón. Aunque no se puede decir que las aperturas locales conseguidas hasta entonces carecieran de importancia, sí que es justo reconocer que el año 1957 marca un punto de inflexión en las realizaciones de aquella generación de escaladores aragoneses que comprueban gracias a esa escalada el estilo y los medios de los vecinos franceses; por una parte, los aragoneses se abren al exterior dentro de las modestas posibilidades que su economía ofrecía, realizando escaladas de envergadura en el pirineo francés. Por otra parte, comienzan a diseñarse otros estilos de vías caracterizadas por la búsqueda de las grandes verticales, las líneas directas y los trazados de dificultad, dando origen a las grandes clásicas de las que hoy todos disfrutamos.

Adjunto dos excelentes reseñas / croquis de la Ravier al Tozal del Mallo extraídas de Onaclimb y Caranorte.

Primeras repeticiones de la Ravier al Tozal del Mallo: leer aquí.

Tozal del Mallo: intentonas y falsedades (1944-1956)

Quizás más que en ninguna otra cumbre, la toponimia del Tozal del Mallo expresa una exacta descripción de lo que nos vamos a encontrar antes de verlo; una traducción rápida y chapucera del aragonés -obviando todos los matices que tienen los términos "tozal" y "mallo"- vendría a denominar a este lugar como el "pico del paredón". Otras acepciones que en su día se le dieron como "el trono del diablo" o "el retablo" hoy en día están menos difundidas entre los montañeros, aunque se sigan utilizando en los folletos turísticos por su mayor expresividad romántica.

De apariencia más o menos ciclópea según la situación del observador -parece más ancho desde la entrada al valle y más estilizado según nos vamos internando aguas arriba del Arazas-, esta gran muralla da la bienvenida a los visitantes, turistas y montañeros que se acercan al valle de Ordesa, sobrecogiendo a todos por muy acostumbrado que se esté a su presencia.

En 1953, el gran pirineista francés Robert Ollivier publica el segundo tomo de su famosa guía de los Pirineos en el que da información detallada sobre la primera ascensión al Tozal del Mallo. En ella, sin demasiados detalles técnicos sobre las dificultades de la vía, explica la escalada realizada por Jorge Antonio Gavín y José Luis Rodríguez a la imponente cara sur del Tozal del Mallo el 21 de agosto de 1944. Esta primera ascensión, que fue relatada por el mismo Gavín a Ollivier, pronto se demostró sin ningún fundamento y totalmente falsa. Al respecto, es muy interesante leer el comentario realizado en 2007 por José Antonio Bescós en el Anuario de Montañeros de Aragón dedicado a los 50 años de la –ésta sí- primera ascensión a la cara sur del Tozal del Mallo.

Dice el veterano escalador aragonés: “Editóse la guía por el Sr. Ollivier al arranque de los años 50 y al recibir los primeros ejemplares de la misma en los círculos de Montañeros de Aragón en Zaragoza, se percibió un cierto tufillo a cuento chino en lo relativo a estas dos escaladas, pues aunque el Sr. Pérez/Abadías (así llama J.A. Bescós a Jorge A. Gavín, ya que al principio del artículo explica que no recordaba su nombre, pero que le sonaban alguno de esos apellidos) era remotamente conocido como montañero, en ningún caso se le podía considerar capaz de realizar unas escaladas como las descritas. Además, su compañero, cuyo nombre no recuerdo, resultó no ser conocido por nadie a quien se le cuestionó sobre el caso. Igualmente todos los montañeros (escasísimos por aquel entonces) que en las fechas indicadas acampaban en Ordesa (¡qué tiempos!) o hacían montaña por el macizo, no habían encontrado a nadie en sus ascensiones, ni nadie oyó el más mínimo comentario sobre unas actividades tan extraordinarias para la época. Finalizadas las indicadas pesquisas, se llegó a la sabia conclusión de que a nuestro buen amigo Robert “se la habían metido doblada”, como diríamos hoy en día, pero en aquellos gloriosos años de pudibundez, mojigatería, corrección y racionamiento, sólo le habían faltado a la verdad indecorosamente”.

No sólo en la guía Ollivier plasma Jorge A. Gavín su "primera". En 1952, según relata Jesús María Rodríguez Pozo en su guía Ordesa, Senderos de Piedra, Gavín "firmaba un artículo en la revista Pyrenaica de la entonces Federación Vasca Navarra de Montaña, en la que narraba su primera ascensión en 1944 de esta gran pared". Según lo observado en el croquis de la guía Ollivier, por lo visto Gavín se fijó más en la fisura Picazo que en la chimenea de la Ravier para trazar con su imaginación la apertura que nunca existió.
Como nota curiosa y burlándose -por la parte que le toca- de estas pretensiones aperturistas sin tocar la pared de Gavín, Christian Ravier abre en 2008 en Ordesa, junto a Martín Elías y Alex Corpas, una vía a la derecha de la Rabadá-Navarro del Gallinero, bautizándola con mucho humor como "Los prismáticos de Gavín" en cuya reseña de la escalada afirma que "las murallas de Ordesa son propicias a los delirios".

No es hasta 1954 cuando se produce el primer intento -esta vez real- de conquistar la atractiva pared sur. José Santacana asciende por los primeros largos de lo que unos pocos años después será la Ravier, pero buscando el itinerario más fácil, evita por la izquierda los desplomes que más arriba se le presentan, logrando llegar en alguna tirada más en horizontal a lo que desde entonces se denomina "Plaza de Cataluña". Desde aquí, y aunque se intenta tirar algún largo más en vertical, la realidad se impone y deciden dar por finalizada la escalada, quedando actualmente de ese intento la llamada "travesía Santacana" como manera más fácil de acceder a la Plaza de Cataluña y a las vías que por ella pasan.

Apenas un año después se abre la Gómez-Khan, primera vía que termina en cumbre en el Tozal. Para ello, los escaladores que dan nombre a la vía escalan el espolón este, empezando para ello prácticamente a mitad de pared, accediendo desde el lateral del circo de Carriata. Aunque Rabadá y Pepe Díaz abrieron la parte inferior, hoy en día esta vía prácticamente sólo se realiza como salida de vías como la Despiau, la Anglada-Civis o la Aliga.
Debido a que las dificultades de este pico se concentran en la cara sur -el imponente "mallo del tozal"- a la Gómez-Khan, sin quitarle ni un punto de su carácter de pionera, no se la considera la primera escalada del Tozal del Mallo, dándole ese honor a la Ravier.

La Norte del Puro: en honor a la verdad (2ª parte)

La Norte del Puro (ver croquis), culminada en 1960 por Alberto Rabadá y Ernesto Navarro tuvo su primera intentona un año antes. Aquella vez acompañaba a Rabadá un joven Gregorio Villarig.
Leer primera parte.

La historia relatada es la misma, pero contada por los dos protagonistas. El texto que narró en 1960 Rabadá está escrito en verde y el de 2003 de Villarig en azul.

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2ª parte:

Alberto Rabadá: "Trepando por los estribos (Villarig) se sitúa de nuevo en el último clavo ¡buen clavo! Otro más arriba le ayuda a terminar el delicado paso, situándose en un "cornisín" desde el que se supera un pequeño nicho a la derecha".

Gregorio Villarig: "Salgo de la reunión nuevamente a libre, paso junto al clavo en la entosta que me había parecido una birria y que lógicamente me ha parado la caída. Sigo y un poco antes de llegar a las presas minúsculas clavo una pitonisa (fabricada donde yo trabajaba) de unos dos centímetros, es buena, pongo un estribo y desde él llego tranquilamente a la presa con forma de naranja y paso la panza"


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A.R.: "(Villarig supera) varias "pancillas" de menor proporción y me da las voces para que me prepare. Tras mis chemequeos en la que bautizo como "Panza del Lamento" y mis apuros para localizar por dónde ha pasado las "pancillas" de marras, llego a una buena cornisa, unos metros por debajo de mi compañero, al que diviso cómodamente arrellanado en otra mejor todavía"

G.V.: "A partir de aquí no sé qué me ocurre, el caso es que entro en un terreno que se me hace fácil, voy trepando pasando las panzas siempre por la izquierda al punto que se me olvida que los clavos existen. Veo una fisura para clavar en el centro del espolón y de repente me doy cuenta de que llevo muchos metros, unos veinte, sin clavar desde la pitonisa, que para el estribo vale, pero a efectos de caída no sirve y luego el clavo de la entosta que ya aguantó el tirón."

Aquí Villarig sigue relatando que, a pesar de que esta tirada hoy se hace en dos largos, él sólo puso tres seguros: el mal clavo que retuvo la caída, la pitonisa del estribo y una melilla que clava en el centro del espolón
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G.V.: "Los chemequeos y dificultades para localizar por dónde ha pasado las "pancillas" su compañero que relata Rabadá se deben a que el clavo está en el centro, la cuerda va lógicamente por el centro y él trata de pasar pasar por el centro hasta que cuando se aproxima a mí y ya nos oímos le digo que lo he hecho casi todo por la izquierda".
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A.R.: "Como la protagonista del cuento, no he contado con los imponderables; esta vez son mi joven compañero, quien se encarga de dar al traste con los proyectos con los que se inició la excursión por esta pared, pues a pesar de habernos subido hasta aquí material de vivac y "bombilleo" en una no muy pesada pero sí molesta mochila, de repente, se ha acordado de que se ha dejado el grifo del baño abierto. Tras asegurarme de que esto es cierto y que no influye para nada haber sufrido alguna lesión en su involuntario "retroceso", me quedo más tranquilo e iniciamos el descenso".

De forma rutinaria Villarig pregunta: -¿Qué hora es?-.-Las tres- contesta Rabadá que ya estaba estudiando cómo resolver el siguiente largo, que probablemente les iba a dejar muy cerca de la cima. Villarig no pensaba que hubiese pasado el tiempo tan rápido y le dice: -eh... pues tenemos que bajarnos-.
Rabadá no entiende nada, "estamos bien" dice "hasta la noche quedan muchas horas y seguro que hasta llegamos al suelo" a lo que Goito contesta "ya sé que llegamos al suelo, pero no al tren".

G.V.: "(Rabadá) se enfada un pelín y aunque no entiende nada, al final comprende que su situación no es la misma que la mía. (...)Yo soy un chaval de diecinueve años recién cumplidos(...) Perder el tren suponía que tus padres no te vieran llegar por la noche, que no había teléfono al que avisar y que pasarían toda la noche en blanco, toda la mañana del lunes y que llegaras entre la una y las dos del mediodía, o sea, que además del susto-disgusto que causabas, podría ocurrir que te despellejaran o, en tono menor, que te prohibiesen salir y, si todavía te quedaba resuello, el martes había que enfrentarse al jefe de personal de la fábrica y explicarle porqué no habías ido a trabajar. Éstos son los hechos y motivos que Edil resume con la frase "mi joven compañero se ha acordado de que se ha dejado el grifo abierto". Lo del material de vivac y el "bombilleo" (se refiere a la comida) debe de referirse a otra escalada o la que hizo con Navarro ¿para qué lo quería subir si jamás pensé en hacer vivac?".

Desde el lugar donde se encuentran contornean la cara interior del Puro y aparecen unos metros por encima de la piedra empotrada del collado del Puro. Destrepan hasta el rápel y desde ahí inician el descenso.

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Julio de 1960

A.R.: "El primer domingo de julio estoy otra vez en Riglos, aunque esta vez mi compañero es Navarro ya que con Villarig no he podido coincidir ningún domingo anterior y ahora anda haciendo méritos para que le den los días necesarios de vacaciones para poder ir a los Alpes"

G.V.:"Ha pasado casi un año y de repente a Rabadá le entran unas ganas inusitadas de ir a terminar la Norte del Puro. Estamos en julio y me propone ir, pero a mí me falta una semana para ir a los Alpes con Manuel Ansón. Tengo movida en la fábrica para que me den una semana de más, cosa difícil en la época (...). Le digo que imposible, el primer domingo que haya después de Alpes. Me dice que no, que pueden venir los catalanes (grupo de Anglada) y "pisárnosla", alegato que hubiera sido bueno de no haber sido porque los catalanes estaban también yendo a los Alpes (...). Intento convencerlo de que lo retrase, dice que se va a buscar otro compañero, se lo propone a Navarro que acepta encantado. Van y la terminan"

La Norte del Puro: en honor a la verdad (1ª parte)


"He estado, si la memoria no me falla, unos cuarenta años mudo". Con esta frase comenzó en 2003 Gregorio Villarig el relato del primer intento a la Norte del Puro en la que él fue, junto con Alberto Rabadá, protagonista. Todo surgió a raíz de la publicación del libro Rabadá y Navarro de editorial Barrabés, donde los autores narraban la historia de la primera intentona de esta vía tomando como fuente documental el artículo escrito por Rabadá para el boletín nº60 de Montañeros de Aragón. Efectivamente, 43 años después de que Edil escribiera ese artículo Villarig aclaraba en el anuario dedicado a los 50 años de la 1ª ascensión al Puro ciertos puntos exagerados, inexactos o directamente inventados por Rabadá, todo ello desde el más absoluto de los cariños y sin ningún afán de revancha ni protagonismo.

La publicación en el blog de Gregorio Villarig de la Norte del Puro con Cecilia Buil (en el artículo que inauguró su blog también contó esta escalada con Toño Carasol) me ha llevado a recordar la historia y transcribir la escalada contada por los dos protagonistas, Rabadá y Villarig. Para aclarar las diferentes versiones transcribiré en verde lo escrito por Alberto Rabadá en 1960 y en azul la réplica de Gregorio Villarig en 2003. Lo que viene a continuación son sólo extractos de sus artículos, recomiendo la lectura de los originales mucho más extensos y entretenidos que lo que yo pueda contar aquí.

Sobre la historia previa que llevó a Rabadá y a Villarig a la Norte del Puro también se publicó este artículo en 2008 en los Cuadernos Técnicos de Barrabés.

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30 de agosto de 1959

Antes de empezar la escalada, estando ya a pie de vía, la cordada se ata con el nudo Edil.
Alberto Rabadá: "Sin hacer mucha fuerza logro convencer a mi compañero para que se ate con un nudo nuevo que estoy experimentando"

Gregorio Villarig: "Es cierto que el nudo, llamado "Edil" desde entonces, se estrenó en escalada ese día. Nos lo pusimos los dos y yo más arriba lo "homologué" cayéndome; no es cierto que yo no supiera de qué iba el nudo, porque ese nudo lo habíamos ensayado muchas veces en el taller de la Avenida de Madrid colgando las cuerdas de una viga de madera del techo".
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Tras superar la cueva del Puro, Rabadá se desvía por terreno nuevo para llegar a la entosta de la Norte y seguir hacia arriba. El roce de las cuerdas les hace cambiar de planes; Rabadá recupera a Villarig hasta la entosta para que monte nueva reunión y corran mejor las cuerdas y continúa Edil hasta debajo de una panza donde monta una reunión "de circunstancias". Sin más problemas, Villarig recupera el largo y comienza a tirar el segundo largo.

A.R.: "Continúa Villarig esta segunda tirada sobre un par de clavos en los que coloca estribos. Otro clavo más y me comunica que esté atento, pues va a salir en libre. Así lo hago y apenas tengo tiempo de oír un leve lamento que turba el pacífico sueño de un par de cuervos que sesteaban en... la peña de Don Justo"
G.V.:"No ocurrió así. Yo salgo de la reunión a libre dos, tres metros y pensando en la reunión, que yo la considero precaria, busco desesperadamente meter un primer clavo de seguro que nos dé un respiro" Aquí Villarig explica su situación: sólo consigue clavar en una entosta que le parece "una auténtica birria" un pitón rarísimo -más ancho que largo- hecho por un herrero según indicación de Rabadá y Cintero en el que se le "ponen los pelos de punta sólo de pensar en colgarse de ese clavo". Villarig sigue hacia arriba sin poder clavar nada más y debido a la dificultad del paso se queda bloqueado sobre presas minúsculas intentando agarrar una buena presa naranja en la siguiente panza. "Pero allí no se puede estar eternamente, las manos se me cansan y los dedos se me escurren, intento de nuevo llegar a la presa naranja pero me he encogido y ya no llego ni a tocarla. Ahora sé que me voy a caer, es cuestión de tiempo que aguenten las yemas de los dedos que ya no las siento. Aviso a mi compañero ¡Rabadá que me voy, que me voooyyyaaymamica mamica! El primer "me voy" lo oyó, la segunda parte de la frase le pareció un alarido"
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Continúa el relato:
A.R.: "No tengo que preguntarle qué ha pasado ya que a mi lado vuelvo a tener al compañero con la cara lo suficientemente explícita para que sobren las palabras que no puede articular. Le pregunto si no se ha salido del encordaje, cosa que lo deja algo consternado. Por mi parte quedo la mar de satisfecho al ver que la única prueba que le faltaba al nudo ha respondido satisfactoriamente"
G.V.: "Cuando me doy cuenta de que me he caído, estoy con los pies separados en la pared, el cuerpo erguido y no me he hecho ni un rasguño. Estoy por debajo de Rabadá, miro hacia arriba y lo primero que veo es su cara con una amplia sonrisa diciéndome ¡pues no te has ido tan lejos! y además "no te has salido" refiriéndose a la incredulidad de Rafael (Montaner) que suponía que si en una caída se salía la cuerda del hombro y caías boca abajo también se saldrían las piernas".

Leer la segunda parte.

Reseñas de la Norte del Puro, aquí.

¿Espeleología en Riglos?

La cueva de la Virgen, la cueva del Puro y la cueva del Palomar son, tal vez en ese orden, las cuevas más famosas de Riglos. Quien venga de fuera y las vea por vez primera pensará que es muy optimista la denominación de "cueva" para lo que no pasa de ser un abrigo o una "balma", pero ésa es la palabra también empleada en otros covachos de las inmediaciones, como son la Cueva d'os Chitanos (o del gitano) en Agüero o las Cuevas de la Reina de Vadiello.

La Cirila en la base de la directa del Puro, la Blanchard entre el Cuchillo y el Frechín, la del Petoste del Cored... son otras de las cuevas de los Mallos producidas por las características geológicas del conglomerado típico de Riglos. Siendo meros huecos en la pared, algunas de ellas tienen sin embargo un halo mágico y fantasioso, a pesar de que su misterio no ha trascendido demasiado; Carlos Gutiérrez en el libro Guía Misteriosa de Aragón recoge la creencia de que una existe una cueva en los Mallos que es una puerta a otra dimensión temporal; esta "cueva del tiempo" algunos habituales de la zona la sitúan en el mallo Magdalena, siendo bien visible desde la pista de los mallos pequeños que se dirige a la fuente de los Clérigos. En todo caso, aquellos que han entrado ahí tras la obligada corta trepada, no manifiestan haber sentido ninguna traslación a otra época. Edito: Charlie responde a mi demanda de auxilio en este tema y aporta su conocimiento. "La historia de la puerta a otra dimensión ya la había oido hace muchos años en un programa nocturno de radio, de esos tipo "cuarto milenio", pero alli la situaban (creo recordar) en el circo de Verano, entre el Fire y el Pisón..."

El tipo de roca da para algún paso bastante estrecho, casi "espeleológico". Cuando Jordi Panyella relataba la ascensión de la chimenea que lleva su nombre, ya hablaba de las angosturas que tuvieron que pasar, viniéndole a la memoria el parecido con las cuevas. Montaner y Rabadá también las pasaron canutas en el penúltimo largo de la Galletas al pasar por la piedra empotrada e inclusó Rabadá tuvo que quitarse ropa para poder avanzar en el Tubo de los Chemequeos en la Vía de los Diedros.

Sin embargo, aunque no me ha sido posible localizarlas sobre el terreno -y llevo ya bastante tiempo buscando y preguntando- parece ser que existen algunas simas en el entorno de Riglos que a mediados de los años 50 despertaron un pequeño interés espeleológico entre los escaladores que frecuentaban los mallos. Desgracidamente, las grutas no deberían de ser gran cosa y hoy en día su localización y sus datos concretos se han perdido o son bastante complicados de encontrar. Sí que es posible en los mapas leer las referencias "Cueba carasol", "O Galocho d'o Tiú", "Cueba Bera" o "Cueba Águila" en el entorno de los mallos chicos, incluso "A cueba manco" cerca del Castillo de Marcuello, pero no parece que ninguna de estas cuevas hagan referencia a algo con el mínimo interés espeleológico.

La información más antigua en la que los escaladores hacen referencia a la espeleología en Riglos la encontramos en el homenaje que le hicieron a Víctor Carilla tras su muerte en el cuarto intento al Puro. Como recordatorio de su paso por Riglos, sus compañeros de Montañeros de Aragón realizaron un pequeño montaje en el que aparecían todas las actividades que el escalador desarrolló en los mallos, figurando entre ellas el descenso realizado el 4 de agosto de 1949 a una sima hasta una profundidad de unos 60 metros.

Es curioso sin embargo que un gran conocedor de estas paredes como fue Rafael Montaner, no parece estar al tanto del dato del descenso de Víctor Carilla y en un excelente artículo que publica en 1957 sobre la escalada en los mallos, toma una actividad realizada por una famosa cordada de escaladores catalanes como la primera actividad espeleológica en Riglos.


"Durante la Semana Santa de 1955, la cordada Torras - Nubiola, de Barcelona, hacen la 3ª al Puro e inauguran una nueva actividad en Riglos: la espeleología. Descienden y exploran la sima cercana al pueblo, de unos 20 metros de profundidad, retacada de barro y grava, reconociendo también otras grutas de montes cercanos"

Son llamativos estos dos datos. Por una parte se da por hecho que J.M. Torras y J. Nubiola son los primeros en hacer espeleología en Riglos, a pesar de que Montaner sin duda conocía el historial de Carilla. Por otra parte, sorprende que también da la información de que existían otras grutas en montes cercanos pero sin incidir acerca de ellas.


Y no acaban ahí las exploraciones espeleológicas. Aprovechando también la Semana Santa, cuando Montaner relata lo sucedido en el año 1956, explica que nuevos grupos se internan en las supuestas profundidades rigleras publicando el siguiente comentario: "En Semana Santa, un grupo de Madrid y Barcelona exploran una sima en el macizo de los Fils que resulta bastante profunda para lo que es normal en los macizos de conglomerado".


Como observamos, la descripción de la modesta actividad espeleológica que se realizaba en los mallos no llamaba la atención más que por lo novedoso que resultaba, pero al contrario de la pormenorización de las piadas en la escalada, aquí se omiten todo tipo de detalles técnicos así como de localización de dichas cavidades. En este último caso por lo menos sabemos centramos más el tiro y sabemos que las exploraciones, exitosas según leemos, sucedieron en el macizo de los Fils.

Como siempre, se agradecen aportaciones a este tema.
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