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Vía Cintero al Puro (Mallos de Riglos)

Enlaces relacionados:
Escalada de la Normal del Puro
Escalada de la Norte del Puro
 
Ambrosio, Valentín y "Lalo"
El 7 de septiembre de 1975, 22 años después de que su cumbre fuera pisada por primera vez, el Puro conoce la tercera de las cuatro vías que surcan cada una de sus cuatro caras. Los cordada formada por Valentín Asensio, Gonzalo Prado "Lalo" y Ambrosio García-Izquierdo logran terminar una difícil y laboriosa vía que recorre la cara interna del Puro, allá por donde se rapela desde la cima. Habían pasado 15 años -desde que Rabadá y Navarro terminaran la norte del Puro- sin que se completara ninguna apertura en el que quizás sea el mallo más simbólico de Riglos. En 1980, Fernando Cobo logró culminar en 12 largos de pésima roca y escalada expuesta otra de las viejas aspiraciones de los habituales a Riglos; la vía Helios, que recorre toda la cara exterior del Puro.

Tercer largo de la Cintero
Los aperturistas escalan la cara este del mallo en cinco largos, el último de ellos compartido en su parte final con la vía normal que abrieran en su día M. Bescós, Rabadá y "Cintero". Es precisamente a Ángel López Martínez "Cintero" -al que le sigue como una sombra la manida coletilla de "el-superviviente-de-la-mítica-cordada-que-conquistó-el-Puro"- a quien dedican la escalada y ponen su nombre a la vía, cotándola como MD  (VI- en la graduación de la época, con varios tramos de A2). Las primeras guías recomendaban llevar ferralla de precisión: pitonisas, tacos de madera para falcar los clavos de todas las medidas, chapas recuperables y fisureros para progresar por el "conglomerado de mediana calidad, muy liso y difícil de clavar".
Vía Cintero desde el collado del Puro

Tras esta apertura, pasan los años y no parece que esta ascensión atraiga a muchos escaladores que, para subir al Puro, se inclinan preferentemente por la vía normal o, en menor medida, por la vía de la cara norte. La calidad de la roca, la precariedad de los seguros y la dificultad global de la vía no son buenas cartas de presentación para los pretendientes a este mallo. Este recorrido parece condenado a caer en el olvido, sin embargo en 1996 dos excelentes escaladores como son Chiro Sánchez y Javier Arnaudas logran ponerle el punto rojo, entre muchas otras vías en Riglos como la Picazo y la Luis Villar al Firé, Micomicón al Pisón, la Corzán al Frechín... a la Cintero dándole una dificultad de 6a+, grado que hoy en día se ha aumentado a 6b. En palabras de Chiro:
Equipamiento actual
"Todas estas ascensiones se realizaban con el respeto más absoluto por los itinerarios y sus aperturistas, con una ética muy estricta, sin instalar ningún seguro de expansión y colocando sólo protecciones móviles (puentes de roca, clavos, fisureros o friends). La idea era liberar los largos el primero de cordada, colocando las protecciones necesarias en libre, sin usar escalada artificial siempre que fuera posible".

Tenemos que esperar a 2008, con la restauración de anclajes realizada por Toño Carasol, para que esta ruta empiece a recibir con más asiduidad a los visitantes. Algún parabolt situado estratégicamente en los pasos duros, algún pequeño retoque en el itinerario y las reuniones a prueba de bombas logran atraer a más escaladores hoy en día que lo que lograba el vetusto y limitado equipamiento de hace unos años. Sobre la vía reequipada, Ambrosio García-Izquierdo comentó lo siguiente: "La tierra gira y gira y el destino parece que está en el mismo ritmo. No sé muy bien porqué pero últimamente parece que los mallos son mi casa, este verano (caluroso) he disfrutado repetidamente de ascensiones a mis queridos mallos.
Un buen día Toño Carasol me llamó con la idea de reequipar la vía Ángel López (seria y comprometida), con apenas media docena de repeticiones. Repetí algunas vías reequipadas por él, como la Norte del Puro; salí como no, con un profundo sentimiento de bienestar, reconociendo lo que fue la vía y lo que es ahora. Hay que admitir el cambio.
Comenté con Valentín Asensio y Gonzalo Prado la idea de maquillar la vía, a lo que no se opusieron. Confieso que más de una noche pensaba en si estábamos haciendo lo correcto, sustituir pitonisas y buriles por parabolt. El buen hacer de Toño y Manolo, que subieron la vía como nosotros la abrimos, les dio el juicio para reequiparla correctamente.
Así que a 33 años 1 día (como los penados) me veo con Toño por esos lares, ¿qué va decir un padre de sus hijos? La vía ha quedado maravillosa, una joya. Quedan recuerdos de la primera ascensión, como símbolo, Material a utilizar 10 cintas largas. Con sabor alpino. Reseña en la pagina de Inazio.Salu2 Tito.".

Final del segundo largo
 Ahora la Cintero se hace en 3 largos y se puede dar por terminada en la potente reunión que marca el primero de los rápeles del Puro, pudiendo llegar a la cima siguiendo cómodamente el cable. No obstante, hay que advertir a los "paraboltoinómanos" que tras la restauración, el itinerario no ha quedado -afortunadamente- como una vía deportiva; la calidad de la roca, sobre todo en el último largo, sigue siendo muy dudosa y alguno de los puentes de roca que nos vamos a encontrar son más bien precarios. Es recomendable no ir muy justo en el grado y tener algo de experiencia en la roca riglera para disfrutar de esta escalada.
 
Entre las recomendaciones y avisos para quien quiera realizar la vía, habría que incidir en dos puntos. Las aglomeraciones habituales a la hora de subir al Puro afectan muy negativamente a la Cintero por dos motivos: el primero de ellos es que si no somos los primeros en subir al Puro, lo normal será que quién esté rapelando nos moleste en nuestra escalada, ya que la vía va por la misma línea del rápel, llegando a imposibilitar la escalada por las cuerdas en tensión de quien desciende. El segundo motivo es que, mucho o poco, es inevitable mientras escalamos terminar tirando piedras a la chimenea del Puro, siendo peligroso para quien pase por debajo subiendo o rapelando. Tenedlo en cuenta y elegid horas, días o épocas en las que no nos vayamos a encontrar mucha gente circulando por la chimenea del Puro.

La Norte del Puro: en honor a la verdad (2ª parte)

La Norte del Puro (ver croquis), culminada en 1960 por Alberto Rabadá y Ernesto Navarro tuvo su primera intentona un año antes. Aquella vez acompañaba a Rabadá un joven Gregorio Villarig.
Leer primera parte.

La historia relatada es la misma, pero contada por los dos protagonistas. El texto que narró en 1960 Rabadá está escrito en verde y el de 2003 de Villarig en azul.

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2ª parte:

Alberto Rabadá: "Trepando por los estribos (Villarig) se sitúa de nuevo en el último clavo ¡buen clavo! Otro más arriba le ayuda a terminar el delicado paso, situándose en un "cornisín" desde el que se supera un pequeño nicho a la derecha".

Gregorio Villarig: "Salgo de la reunión nuevamente a libre, paso junto al clavo en la entosta que me había parecido una birria y que lógicamente me ha parado la caída. Sigo y un poco antes de llegar a las presas minúsculas clavo una pitonisa (fabricada donde yo trabajaba) de unos dos centímetros, es buena, pongo un estribo y desde él llego tranquilamente a la presa con forma de naranja y paso la panza"


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A.R.: "(Villarig supera) varias "pancillas" de menor proporción y me da las voces para que me prepare. Tras mis chemequeos en la que bautizo como "Panza del Lamento" y mis apuros para localizar por dónde ha pasado las "pancillas" de marras, llego a una buena cornisa, unos metros por debajo de mi compañero, al que diviso cómodamente arrellanado en otra mejor todavía"

G.V.: "A partir de aquí no sé qué me ocurre, el caso es que entro en un terreno que se me hace fácil, voy trepando pasando las panzas siempre por la izquierda al punto que se me olvida que los clavos existen. Veo una fisura para clavar en el centro del espolón y de repente me doy cuenta de que llevo muchos metros, unos veinte, sin clavar desde la pitonisa, que para el estribo vale, pero a efectos de caída no sirve y luego el clavo de la entosta que ya aguantó el tirón."

Aquí Villarig sigue relatando que, a pesar de que esta tirada hoy se hace en dos largos, él sólo puso tres seguros: el mal clavo que retuvo la caída, la pitonisa del estribo y una melilla que clava en el centro del espolón
.

G.V.: "Los chemequeos y dificultades para localizar por dónde ha pasado las "pancillas" su compañero que relata Rabadá se deben a que el clavo está en el centro, la cuerda va lógicamente por el centro y él trata de pasar pasar por el centro hasta que cuando se aproxima a mí y ya nos oímos le digo que lo he hecho casi todo por la izquierda".
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A.R.: "Como la protagonista del cuento, no he contado con los imponderables; esta vez son mi joven compañero, quien se encarga de dar al traste con los proyectos con los que se inició la excursión por esta pared, pues a pesar de habernos subido hasta aquí material de vivac y "bombilleo" en una no muy pesada pero sí molesta mochila, de repente, se ha acordado de que se ha dejado el grifo del baño abierto. Tras asegurarme de que esto es cierto y que no influye para nada haber sufrido alguna lesión en su involuntario "retroceso", me quedo más tranquilo e iniciamos el descenso".

De forma rutinaria Villarig pregunta: -¿Qué hora es?-.-Las tres- contesta Rabadá que ya estaba estudiando cómo resolver el siguiente largo, que probablemente les iba a dejar muy cerca de la cima. Villarig no pensaba que hubiese pasado el tiempo tan rápido y le dice: -eh... pues tenemos que bajarnos-.
Rabadá no entiende nada, "estamos bien" dice "hasta la noche quedan muchas horas y seguro que hasta llegamos al suelo" a lo que Goito contesta "ya sé que llegamos al suelo, pero no al tren".

G.V.: "(Rabadá) se enfada un pelín y aunque no entiende nada, al final comprende que su situación no es la misma que la mía. (...)Yo soy un chaval de diecinueve años recién cumplidos(...) Perder el tren suponía que tus padres no te vieran llegar por la noche, que no había teléfono al que avisar y que pasarían toda la noche en blanco, toda la mañana del lunes y que llegaras entre la una y las dos del mediodía, o sea, que además del susto-disgusto que causabas, podría ocurrir que te despellejaran o, en tono menor, que te prohibiesen salir y, si todavía te quedaba resuello, el martes había que enfrentarse al jefe de personal de la fábrica y explicarle porqué no habías ido a trabajar. Éstos son los hechos y motivos que Edil resume con la frase "mi joven compañero se ha acordado de que se ha dejado el grifo abierto". Lo del material de vivac y el "bombilleo" (se refiere a la comida) debe de referirse a otra escalada o la que hizo con Navarro ¿para qué lo quería subir si jamás pensé en hacer vivac?".

Desde el lugar donde se encuentran contornean la cara interior del Puro y aparecen unos metros por encima de la piedra empotrada del collado del Puro. Destrepan hasta el rápel y desde ahí inician el descenso.

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Julio de 1960

A.R.: "El primer domingo de julio estoy otra vez en Riglos, aunque esta vez mi compañero es Navarro ya que con Villarig no he podido coincidir ningún domingo anterior y ahora anda haciendo méritos para que le den los días necesarios de vacaciones para poder ir a los Alpes"

G.V.:"Ha pasado casi un año y de repente a Rabadá le entran unas ganas inusitadas de ir a terminar la Norte del Puro. Estamos en julio y me propone ir, pero a mí me falta una semana para ir a los Alpes con Manuel Ansón. Tengo movida en la fábrica para que me den una semana de más, cosa difícil en la época (...). Le digo que imposible, el primer domingo que haya después de Alpes. Me dice que no, que pueden venir los catalanes (grupo de Anglada) y "pisárnosla", alegato que hubiera sido bueno de no haber sido porque los catalanes estaban también yendo a los Alpes (...). Intento convencerlo de que lo retrase, dice que se va a buscar otro compañero, se lo propone a Navarro que acepta encantado. Van y la terminan"

La Norte del Puro: en honor a la verdad (1ª parte)


"He estado, si la memoria no me falla, unos cuarenta años mudo". Con esta frase comenzó en 2003 Gregorio Villarig el relato del primer intento a la Norte del Puro en la que él fue, junto con Alberto Rabadá, protagonista. Todo surgió a raíz de la publicación del libro Rabadá y Navarro de editorial Barrabés, donde los autores narraban la historia de la primera intentona de esta vía tomando como fuente documental el artículo escrito por Rabadá para el boletín nº60 de Montañeros de Aragón. Efectivamente, 43 años después de que Edil escribiera ese artículo Villarig aclaraba en el anuario dedicado a los 50 años de la 1ª ascensión al Puro ciertos puntos exagerados, inexactos o directamente inventados por Rabadá, todo ello desde el más absoluto de los cariños y sin ningún afán de revancha ni protagonismo.

La publicación en el blog de Gregorio Villarig de la Norte del Puro con Cecilia Buil (en el artículo que inauguró su blog también contó esta escalada con Toño Carasol) me ha llevado a recordar la historia y transcribir la escalada contada por los dos protagonistas, Rabadá y Villarig. Para aclarar las diferentes versiones transcribiré en verde lo escrito por Alberto Rabadá en 1960 y en azul la réplica de Gregorio Villarig en 2003. Lo que viene a continuación son sólo extractos de sus artículos, recomiendo la lectura de los originales mucho más extensos y entretenidos que lo que yo pueda contar aquí.

Sobre la historia previa que llevó a Rabadá y a Villarig a la Norte del Puro también se publicó este artículo en 2008 en los Cuadernos Técnicos de Barrabés.

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30 de agosto de 1959

Antes de empezar la escalada, estando ya a pie de vía, la cordada se ata con el nudo Edil.
Alberto Rabadá: "Sin hacer mucha fuerza logro convencer a mi compañero para que se ate con un nudo nuevo que estoy experimentando"

Gregorio Villarig: "Es cierto que el nudo, llamado "Edil" desde entonces, se estrenó en escalada ese día. Nos lo pusimos los dos y yo más arriba lo "homologué" cayéndome; no es cierto que yo no supiera de qué iba el nudo, porque ese nudo lo habíamos ensayado muchas veces en el taller de la Avenida de Madrid colgando las cuerdas de una viga de madera del techo".
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Tras superar la cueva del Puro, Rabadá se desvía por terreno nuevo para llegar a la entosta de la Norte y seguir hacia arriba. El roce de las cuerdas les hace cambiar de planes; Rabadá recupera a Villarig hasta la entosta para que monte nueva reunión y corran mejor las cuerdas y continúa Edil hasta debajo de una panza donde monta una reunión "de circunstancias". Sin más problemas, Villarig recupera el largo y comienza a tirar el segundo largo.

A.R.: "Continúa Villarig esta segunda tirada sobre un par de clavos en los que coloca estribos. Otro clavo más y me comunica que esté atento, pues va a salir en libre. Así lo hago y apenas tengo tiempo de oír un leve lamento que turba el pacífico sueño de un par de cuervos que sesteaban en... la peña de Don Justo"
G.V.:"No ocurrió así. Yo salgo de la reunión a libre dos, tres metros y pensando en la reunión, que yo la considero precaria, busco desesperadamente meter un primer clavo de seguro que nos dé un respiro" Aquí Villarig explica su situación: sólo consigue clavar en una entosta que le parece "una auténtica birria" un pitón rarísimo -más ancho que largo- hecho por un herrero según indicación de Rabadá y Cintero en el que se le "ponen los pelos de punta sólo de pensar en colgarse de ese clavo". Villarig sigue hacia arriba sin poder clavar nada más y debido a la dificultad del paso se queda bloqueado sobre presas minúsculas intentando agarrar una buena presa naranja en la siguiente panza. "Pero allí no se puede estar eternamente, las manos se me cansan y los dedos se me escurren, intento de nuevo llegar a la presa naranja pero me he encogido y ya no llego ni a tocarla. Ahora sé que me voy a caer, es cuestión de tiempo que aguenten las yemas de los dedos que ya no las siento. Aviso a mi compañero ¡Rabadá que me voy, que me voooyyyaaymamica mamica! El primer "me voy" lo oyó, la segunda parte de la frase le pareció un alarido"
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Continúa el relato:
A.R.: "No tengo que preguntarle qué ha pasado ya que a mi lado vuelvo a tener al compañero con la cara lo suficientemente explícita para que sobren las palabras que no puede articular. Le pregunto si no se ha salido del encordaje, cosa que lo deja algo consternado. Por mi parte quedo la mar de satisfecho al ver que la única prueba que le faltaba al nudo ha respondido satisfactoriamente"
G.V.: "Cuando me doy cuenta de que me he caído, estoy con los pies separados en la pared, el cuerpo erguido y no me he hecho ni un rasguño. Estoy por debajo de Rabadá, miro hacia arriba y lo primero que veo es su cara con una amplia sonrisa diciéndome ¡pues no te has ido tan lejos! y además "no te has salido" refiriéndose a la incredulidad de Rafael (Montaner) que suponía que si en una caída se salía la cuerda del hombro y caías boca abajo también se saldrían las piernas".

Leer la segunda parte.

Reseñas de la Norte del Puro, aquí.

La Normal del Puro (Riglos): reseña y croquis

Entradas relacionadas:


Puestas sobre la mesa las cartas de ambas cordadas y visto que nadie iba a dejar que la gloria recayera sobre la cordada rival, la carrera por llegar el primero al Puro había dado el disparo de salida. El siguiente día festivo iba a ser el del 18 de julio –festividad en época franquista por el día del golpe de estado contra la república- por lo que las dos cordadas realizaron la misma estrategia: llegar antes a Riglos. Catalanes y aragoneses deciden adelantar la conquista al fin de semana anterior, pero son M. Bescós, Rabadá y Cintero los que consiguen la tarde del 12 de julio llegar al pueblo. Suben a la gran cornisa donde se sitúa la segunda reunión, dejan gran parte del material y descienden de nuevo al pueblo para dormir en casa de don Justo.
"Cintero", Manuel Bescós y Rabadá

Al día siguiente, 13 de julio, los escaladores logran llegar hasta el collado del Puro donde realizan el vivac.

14 de julio de 1953. Desde el collado, por terreno ya conocido en la tentativa del mes anterior, logran llegar en 8 horas hasta la base de la última panza, desde donde tuvieron que rapelar por la tormenta de la última tentativa y donde habían dejado el clásico buzón de las escaladas de la época. Superan la panza con un paso de hombros y al final del día llegan a la cumbre. Tras 6 tentativas previas, dos muertos y 6 años de intentos y prohibiciones, el Puro ha sido finalmente conquistado.

"En la cumbre, después de dar gracias al Altísimo, se canta el Cara al Sol, y como es completamente de noche y es imposible el descenso, se prepara el vivaque, que se presenta sumamente problemático debido al pequeño espacio disponible (unos tres metros).

Teniendo ante los ojos por un lado el imponente paredón del mallo Pisón y por otro el profundo abismo, transcurren lentas las horas esperando el amanecer para emprender el descenso" Descripción tras la ascensión realizada por Cintero.

15 de julio 1953.

Montando el primer rápel con una escarpa y un anillo de cuerda, consiguen llegar en tres rápeles más hasta el suelo donde esperan los compañeros que han seguido desde abajo la escalada. Al cruzar el pueblo para dar gracias a la Virgen del Mallo, se cruzan con la cordada catalana que buscaba también la conquista del Puro y que tuvieron que conformarse con la primera repetición.

Bescós al descender del Puro
Se comenta de Panyella que estalló de ira al enterarse de la conquista del Puro y dirigió duros insultos a la cordada aragonesa. De ese día es archifamosa la foto tomada a las dos cordadas en las escaleras de la iglesia de Riglos. Algo más calmado, Panyella firmaría por última vez en el libro de registro de Riglos: "Veníamos a realizar su primera, pero... ¡llegamos tarde! Sólo al saltar del tren, en el recién inaugurado apeadero de los Mallos, ya nos habían anunciado que: ¡Ya han subido! Nos fuimos a desahogarnos al Fire haciendo la travesía completa y contemplando a nuestras anchas un puro ya fumado por otros."


Descripción de la vía.

La Normal al Puro (ver croquis) es una de las escaladas más repetidas de Riglos. Es habitual ver las colas que se forman en el diedro por las cordadas que se van amontonando en la repisa donde se juntan la entrada clásica y la directa, no obstante, hasta 7 vías (Normal, Norte, Cintero, Makokis, Anglada-Guillamón, Directa a la Norte y la entrada a la Serón-Millán por el collado del Puro) utilizan la reunión anterior a la cueva del Puro, a los que hay que añadir los que pasan por ahí rapelando del Puro. En esta vía más que en ninguna madrugar más que una recomendación se considera una necesidad.

Cordadas aragonesa y catalana en la iglesia de Riglos
En general, bien asegurada, no está de más llevarse unos cordinos para reforzar ciertos puentes de roca bastante dañados por el paso del tiempo y de los escaladores, así como algún fisurero o friend si nos dan miedo los alejes rigleros. El equipamiento combina lo clásico con lo moderno, pudiendo encontrar auténticas reliquias en su recorrido. Aún con todo, la escalada es bastante segura.

Esta vía tiene todo lo que podemos encontrar en los mallos: zonas fáciles, diedros, techos, chimeneas, panzas y desplomes, todo ello en su justa medida. El recorrido, absolutamente lógico y aprovechando las zonas débiles de la pared, no ofrece demasiadas opciones para el embarque.

L1: Comenzar la escalada por la cara exterior, en la vertical de la cima del Puro, unos metros a la derecha del camino.Largo fácil en diagonal a la izquierda. IV+
L2: Continuar por la cornisa hacia la izquierda, sin seguros al principio, pero muy fácil. Superar un paso protegido con un parabolt y una P expansiva y seguir hacia la izquierda hasta dar con la reunión. V Hasta este punto se puede entrar en un solo largo por la entrada Directa desde la cueva Cirila (V+)
Normal del Puro. Última panza
L3: Diedro muy bonito, aunque bastante pulido por el constante paso de los escaladores. Reunión en buena repisa. V+
L4: Largo de trámite. Paso más difícil a la salida de la reunión y después larga y muy fácil travesía a la derecha hasta llegar a la Cueva del Puro. V
L5: Cueva del Puro. Desplome duro -casi techo- que hay que superar abriendo bien las piernas a cada lado de la cueva. Después de eso, un pequeño trámite hasta la reunión. 6a+ (añadir todos los ++++ que se quieran).
L6: Chimenea hasta el collado. Muy pulido en los tramos más estrechos.Frecuentes atascos en días de gran afluencia. Saltarse la primera reunión (rápel, inicio de la vía Cintero) Reunión en el collado, debajo de la piedra empotrada. IV+
L7: Subirse en la piedra empotrada, y dirigirse hacia la cara sur del Puro en diagonal hacia la izquierda. Buscar las zonas más fáciles, encontrando anclajes de todo tipo. Reunión con las argollas muy separadas (triangulación imposible) debajo de la primera gran panza. V+
L8: Superar difícilmente la panza que cubre la reunión (6a) y seguir verticalmente por terreno más fácil hasta llegar, moviéndonos a la derecha, a otra gran panza. Aunque hay reunión, es mejor seguir directamente hasta la cima. En libre o en A0 vencer la úlima dificultad de la vía y por terreno cada vez más fácil montar reunión (tres clavos) en la cima. 6b

Descenso en cuatro rápeles:
1º por la cara interior del Puro,
2º chimenea,
pasamanos y
3º y 4º línea de rápeles paralela al diedro de la entrada directa.

El Puro (Riglos): últimos intentos, primeras disputas

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Alberto Rabadá, Manuel Bescós y Ángel López "Cintero" tras la conquieta del Puro
Tras las muertes de Cored y Carilla y al igual que sucediera en las conquistas del Firé, de la Peña Sola y del Pisón, de nuevo los catalanes se echan a los hombros el proyecto de hacer una nueva cima. Tras la retirada de Serón nadie parece que esté capacitado a enfrentarse a esta terrible vía que ya se ha cobrado dos víctimas –las dos únicas por aquellas fechas- y el respeto que se ha forjado el Puro, más que la nueva prohibición del Gobernador de Huesca, hacen que los pretendientes a la conquista de este emblemático mallo escaseen.

Sin embargo, en marzo de 1953 Jordi Panyella regresa a Riglos con intención de volver a escribir su nombre en la historia de los mallos. El doblemente vencedor del Pisón viene acompañado por otros dos Jordis, J. Ayats y J. Salas, con quienes tantea y supera con acierto las dificultades que la vía presenta, logrando culminar el diedro desde donde Carilla fue arrancado de la pared, superar la cueva del Puro y continuar por la profunda y fácil chimenea hasta llegar al collado en el que Pisón y Puro se separan definitivamente.
La cordada al llegar al apeadero de Riglos
Desde ahí las previsiones de dificultad que se apreciaban desde el suelo se confirman y el panorama vertical no da para demasiadas alegrías. Fuera ya de las facilidades para pitonar del diedro fisurado y abundancia de presas y apoyos que la chimenea ofrecía, la cara sur del Puro resulta ser una dura arista con roca mediocre, ausencia de puntos buenos para clavar y con unas panzas que desaniman al más pintado. Ante semejantes perspectivas y debido a la manifiesta escasez de tiempo y material para completar exitosamente el proyecto, los catalanes aparcan la conquista hasta mejor ocasión.
Pero las intenciones de un grupo de tres zaragozanos vienen a enturbiar las, hasta ese momento, excelentes relaciones entre escaladores de una y otra región de las que ya hicieron gala en la conquista de la Peña Sola de Agüero. Esta vez, Manuel Bescós, Alberto Rabadá y Ángel López “Cintero” no considerarían necesario pedir permiso a la cordada catalana y se lanzaron a conseguir la cima; llegaron hasta el collado –punto más alto conseguido por los catalanes- y una vez ahí comenzaron una lentísima escalada de apenas 40 metros que les llevó todo el día hasta la base de la tremendísima panza, última dificultad que protege la cima del mallo, que les hace agotar fuerza, tiempo y paciencia teniendo la cúspide del mallo tan cerca. Para terminar de dejar incompleto tanto esfuerzo, una violenta tormenta se desata al final de la tarde obligándoles a descender en condiciones muy precarias de seguridad –rápeles a la italiana a oscuras sobre instalaciones aleatorias con cuerdas de cáñamo mojadas, quién da más-.

Observando el Firé desde la cima del Puro
Llegados a este punto, sería interesante realizar una sucinta comparativa entre las cordadas catalana y aragonesa en marzo de 1953. El curriculum de Panyella por sí solo ya era tremendo: numerosas aperturas en macizos como Montserrat, Pedraforca, Riglos, Ordesa… más alguna que realizaría algo más tarde en otros lugares de gran renombre como el Peñón de Ifach. Por su parte, M. Bescós, Rabadá y “Cintero” habían participado en aperturas bastante poco significativas y hoy caídas absolutamente en el olvido como la cara sur del mallo Herrera (Á. López), normal del Carilla (Á. López) y normal del Capaz (Rabadá, M.Bescós, Á. López) y la única escalada de importancia que esta cordada realizó antes del Puro, como fue la primera repetición de la Peña Sola de Agüero, fue simultánea a la llegada al collado de los catalanes.
Jordi Panyella
Puestas sobre la mesa las cartas de ambas cordadas y visto que nadie iba a dejar que la gloria recayera sobre la cordada rival, la carrera por llegar el primero al Puro había dado el disparo de salida. El siguiente día festivo iba a ser el del 18 de julio –festividad en época franquista por el día del golpe de estado contra la república- por lo que las dos cordadas realizaron la misma estrategia: llegar antes a Riglos.


Fotos de la cordada extraídas de Cuadernos Técnicos de Barrabes (nº16).
Foto de Rabadá desde la cima del Puro extraída de Rabadá y Navarro. La cordada imposible de Ed. Desnivel
Foto de Panyella extraida de la página web de la FEEC

El Puro (Riglos): primeros intentos, primeras muertes

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Toponimia del Puro
Escalada de la Normal del Puro
Escalada de la Norte del Puro

Tras la conquista del Pisón y las puntas del Firé, todos los mallos quedan vencidos a excepción de la pequeña aguja que surge del propio Pisón y que los escaladores hacen llamar el Puro. Los años 40 son prolíficos en la consecución de las cimas, tanto de los mallos grandes como de los mallos chicos, consiguiéndose en apenas tres años todas las cimas de Riglos (realmente, todavía faltaba alguna cumbre como la del Cuchillo, que tanto juego daría en el pique de catalanes y maños tras su "conquista" en el 58).

El intento de ascensión del Puro durante este tiempo había pasado en buena lógica a un plano secundario. Su apariencia inexpugnable relegó su conquista a la última en ser, no ya realizada, sino intentada incluso y es que las posibilidades que desde el suelo parecía ofrecer esta aguja no eran demasiado alentadoras; a simple vista, la única línea medianamente definida para realizar el ataque desde el collado –la fina cara sur- estaba jalonada de panzas de diverso tamaño con un aspecto nada halagüeño. La base tampoco parecía ofrecer unas facilidades demasiado evidentes; si bien, una endrija parte desde el suelo hacia arriba en una verticalidad que parece diseñada con tiralíneas, esta fisura-diedro también se convirtió en uno de los puntos más problemáticos a superar en las primeras intentonas para conquistar el Puro.

El primer intento al Puro surgió inmediatamente después de conseguirse la cima del Pisón en 1946. Fue al año siguiente cuando la cordada oscense del Frente de Juventudes realizó el primer ataque a esta cima, finalizada con resultado trágico. El grupo formado por Cored, Martí, Esquiroz y Asín comienza a escalar por la cara exterior tratando de sortear las dificultades con travesías y pasos de hombros en una lenta progresión dadas las dificultades que presentaba para la época este itinerario.

Un error inexplicable de técnica junto con la rotura de una presa acabó con Mariano Cored contra el suelo cuando apenas habían ascendido 30 metros. Ángel Serón resumía concisamente su perplejidad ante cómo se produjo el accidente haciendo mención a la juventud del fallecido: “(…) nos enteramos de que se había matado Cored. (…) no me explico yo cómo hicieron un paso de hombros sin clavar… en fin, veinte años”. Aunque la caída no provoca la muerte instantánea del escalador oscense, poco más se puede hacer por él que trasladarlo a casa de Justo Garasa donde muere tras unas horas de agonía debido a la gravedad de las heridas. Fue el 13 de julio de 1947.

Este accidente provocó la prohibición emitida por el Gobernador de Huesca de escalar en los mallos. Esta prohibición apenas fue considerada por los escaladores, que cada vez con más asiduidad se acercaban a Riglos a tentar estas paredes. Uno de ellos fue Victor Carilla, un joven zaragozano que en el mismo año que murió Cored había empezado a escalar consiguiendo pisar la punta Mallafré del Firé con una cuerda de 20 metros como único material de cordada, utilizando las sabinas y los pitones abandonados por los primeros ascensionistas para el aseguramiento.

Después de esta hazaña, el material del grupo se incrementa y mejora. Fabrican artesanalmente algunas clavijas y mosquetones y encargan en Casa Herranz –una tienda de aperos de labranza- una cuerda de cáñamo de 60 metros que le permitirá en las siguientes visitas a Riglos conseguir otras cimas como todas las puntas del Firé y algunos mallos pequeños como el Herrera, la Aguja Roja o el Gómez Laguna entre otros.

El siguiente reto fue intentar ascender el Puro, lo que representaba un salto enorme en la dificultad y renombre que adquiría la actividad. Desde la muerte de Cored no se había vuelto a intentar esta escalada y tras un par de aproximaciones más o menos serias por terreno inexplorado –Carilla realizaría sus intentos por la entrada directa desde la cueva Cirila- en el cuarto intento absoluto al Puro, el 7 de abril de 1950, tras haber ascendido algo más de 50 metros la calidad de la roca le traiciona y acaba con su vida haciéndole caer y seccionando su cuerda. En aquel momento, los tres escaladores formaban probablemente la cordada aragonesa más fuerte del momento: Carilla, Serón y Millán, siendo en la práctica ésa la última escalada de la mítica cordada.

Respecto a las placas de homenaje que en honor de los dos escaladores se pusieron en el lugar donde cayeron y su destrucción, publiqué en su día este artículo.

Continúa en Últimos intentos, primeras disputas.

Toponimia de Riglos: el Puro

El Puro: el mallo con la Normal más difícil de Riglos, el más pequeño, el de la cima más minúscula, el que tiene mayor densidad de vías, el último en ser conquistado, el más trágico, el de las prohibiciones, el de la competitividad entre escaladores. Esta pequeña aguja, entosta del Pisón en su base y completamente independiente de éste en su punta ha sido objeto de pasiones y despechos entre escaladores durante su conquista y también escenario de terribles accidentes. Arrastra así mismo una leyenda negra que ya tendré oportunidad de desarrollar en otro momento.

Al igual que le pasa a la Aguja Roja, este mallo también ha sufrido un baile de nombres a lo largo de su curriculo toponímico. Parece que se le aplica un nombre según cómo le ven sus observadores; primero se le bautizó de una manera cuando no era otra cosa que un elemento más del paisaje desde el pueblo de Riglos, después se sustituyó el nombre tradicional cuando a ese mallo se le veía como objeto de conquista y más tarde tuvo un nuevo bautismo de homenaje o, más bien, de provecho para los escaladores.

Al Puro ya se le conoce como el Puro en las primeras referencias que de los mallos escribieron los escaladores que a sus paredes se acercaban, pero no era éste el nombre con el que anteriormente se conocía a esta "espina de piedra adosada al dorso del Pisón (...), cacho de piedra que tiene forma de un puro de los que fuman los hombres" como lo definió en Montañas injustas Agustín Faus. Felipe Guinda recoge en su guía de Riglos el término "o fuso" como nombre que se le daba hasta la llegada del siglo XX y los primeros escaladores.

La imagen es evidente. La comparación de este mallo con un Puro se hace más difícil cuanto más atrás nos vayamos en el tiempo, siendo más aceptable que por similitud se le comparara con un "fuso" o huso, un elemento bastante más habitual en la vida de estos pueblos antes de que llegaran elementos de modernidad como el tren, la carretera, los mismos escaladores o... los puros. Esta similitud con un fuso viene además reforzada por la leyenda de la "Filandera" de Riglos, que construyó los mallos para refugirse de la intemperie que sufría cuando hilaba a orillas del Gállego.

Después, el nombre de Puro viene a instalarse para terminar quedándose para siempre ¿Para siempre? Difícil es de asegurar cuando de toponimia hablamos. No es el único Puro que se escala. No muy lejos de ahí, tenemos el Puro de Vadiello y también existe un Puro en Beceite y en el Torreón de la Moneda de Contreras.

Tras la primera ascensión, hubo una intentona infructuosa de rebautizar al Puro con el nombre de Mallo Francisco Franco. Aunque mucho se ha especulado sobre las motivaciones de la cordada para el cambio de nombre, las verdaderas intenciones de M. Bescós, Rabadá y Ángel López "Cintero" las explicó el propio Cintero en una entrevista a Desnivel:

Pregunta: Cuando llegasteis a la cima del Puro, cantásteis el “Cara al Sol” y lo nombrasteis como Pico de Francisco Franco...
Respuesta: Eso fue cosa de Bescós. Pensó que con eso se podría sacar “tajada”; no lo hicimos por nada más. Pero aquello no prosperó y jamás se ha vuelto a nombrar. En el pueblo teníamos un alcalde franquista y en esos tiempos las noticias volaban y te facilitaban las cosas.
Respecto a la microtoponimia, también podríamos destacar un par de términos curiosos en este mallo o más bien en la base norte del Pisón. Por un lado, tenemos la Colilla, esa llamativa entosta a la izquierda de la entrada directa -en evidente referencia al Puro- y otra es un topónimo que también recoge la guía de Felipe Guinda: la cueva Cirila, un pequeño abrigo con restos de hogueras por donde se hace la entrada directa a la Normal del Puro.


No quiero dejar pasar la oportunidad de hacer una mención al topónimo absolutamente personal por el que conozco al Puro y al Pisón. Siendo yo muy pequeño, mis padres le echaron bastante imaginación y me enseñaron que el Pisón era la palma de una mano y el Puro era el "dedo gordo" y desde crío, siempre que miro los mallos desde Murillo no me puedo quitar la imagen de un Pisón como una mano que me prohibe el paso más allá de estas montañas.

Epigrafía e iconoclasia (El Puro)

Dos muertes en Riglos marcaron los primeros años de la historia de la escalada en los mallos. En los primeros intentos por escalar el Puro Mariano Cored en 1947 muere pocas horas después de caer hasta el suelo tras soltarse la presa a la que se asía y Víctor Carilla en la Semana Santa de 1950 (tercer intento personal por escalar este mallo, cuarto absoluto) fallece en el acto tras derrumbarse parte de la entosta que intentaba superar.

Aquellas muertes supusieron por una parte la prohibición de escalar en los mallos y por otra la creación de un mito al Puro como mallo maldito y macabro. Habría que hablar de una tercera consecuencia, como fue la retirada de las paredes de Ángel Serón y Fernando Millán, que formaban cordada con Carilla en el momento de su muerte. Ricardo Arantegui, amigo personal de Carilla, escribió con tristeza el siguiente texto que nos da una idea del material y las técnicas utilizadas: "Tengo guardado el trozo de cuerda que tenía atado a la cintura; era una cuerda de escalada de lo bueno que había en el mercado, de cáñamo con hilos de algodón de varios colores entretejidos, que se encontraba en buen estado y que, en su punto de ruptura, más daba la impresión de haber sufrido el corte de una arista viva"

Dos lápidas situadas una al lado de la otra en la base norte del Pisón recordaban a Cored y Carilla. Existía otra más de la que no queda ningún resto. Es conocida gracias al testimonio escrito en la Guía de escalada de Riglos de Rafael Montaner y Fernando Orús: "Su conquista (la del Puro) fue dramática , pues en distintos intentos perdieron la vida Mariano Cored y Víctor Carilla, a los que unas lápidas, junto a la de José María Renovales muerto años después, guardaron recuerdo y dieron sombría bienvenida hasta que unos desaprensivos las destruyeron". Como dicen estas palabras, la oleada de iconoclasia que recorrió las paredes de la península a principios de los 80 acabó con estas placas de homenaje.

Sobre este acto Arantegui contaba lo siguiente: "Por suscripción entre sus compañeros de Montañeros de Aragón se mandó esculpir una lápida conmemorativa que se colocó al pie del lugar donde se encontró con la muerte, muy cerca de la de Mariano Cored de Peña Guara. Estas placas colocadas a respetable altura y que teóricamente sólo eran accesibles a escaladores fueron destruidas con ensañamiento a martillazos quedando totalmente irrecuperables. Al autor o autores de este suceso la conciencia colectiva los juzgará y colocará en el lugar que les corresponda, su silencio certifica que el acto es altamente reprobable".

Edito (ene'09): Como no es fácil encontrar testimonios escritos a favor de la destrucción de lápidas, copio el comentario que ha realizado el Centinela González.

"En los años 80 se rompieron todas las lápidas de Riglos, Pedriza o Picos, ademas de arrancar cruces y tirar vírgenes pared abajo. La memoria de un escalador se respeta no-alterando su legado, no colocándole una lápida de mármol con la leyenda ARRIBA ESPAÑA. Se quitaron todas las lápidas y están bien quitadas, sin embargo se continuan colocando más. Que nadie se extrañe si se las vuelven a quitar.

Riglos en aquellos años parecia un cementerio, simplemente se limpio: en el Volao dabas con los pies en una lápida, en la Sur del Naranjo te tenias que subir a otra para empezar a escalar, y en Cabrera al Manolin le pusieron otra cuando murió de enfermedad común, no escalando allí, simplemente se la dedicaron.

En poco tiempo habrá españoles musulmanes escalando e igual pintan versículos del Corán a pie de vía, ¿porque las pintadas no y las lápidas si? lo mejor es una montaña limpia. ¿Quereis respetarles? pues no convirtais sus vías en ferratas."

Composición en homenaje a Víctor Carilla realizada por Julián Gracia, obtenida del Anuario de Montañeros de Aragón.

Foto de Rabadá, M. Bescós y Cintero tras la primera del Puro obtenida de Cuadernos Técnicos de Barrabés. Se observa una de las lápidas destruidas en la actualidad.

La Norte del Puro: reseña y croquis

Esto viene por el artículo de Cuadernos Técnicos sobre la Norte del Puro.

Entradas relacionadas:
Historia del primer intento de la apertura de la Norte del Puro (1ª parte: hasta la caída de Villarig )
Historia del primer intento de la apertura de la Norte del Puro (2ª parte: hasta la apertura Rabadá - Navarro)


Cuelgo aquí las reseñas que aparecen y alguna más de más a menos antigüedad. A algunas les he hecho algún pequeño apaño para que se lean mejor.

Y copio la descripción de la vía publicada en Barrabés.

La norte en la actualidad
Hoy en día, la norte del Puro es una escalada menos exigente de lo que fue en su momento gracias a su actual equipamiento, lo que da un poco más de tranquilidad a los escaladores.

Aunque los puntos de seguro intermedios siguen siendo en su mayoría más bien precarios –puentes de roca y algún que otro pitón de museo-, la actuales reuniones potentes y los 4 paraboles situados estratégicamente en los pasos más complicados o expuestos ofrecen una posibilidad muy buena a los que quieren disfrutar de una preciosa escalada clásica con una dificultad obligada asequible.

La escalada comienza en la entosta a la altura de la reunión donde termina el largo de la Cueva del Puro. Para llegar aquí, podemos llegar por la entrada tradicional, en corta travesía desde dicha reunión o por la Directa donde la roca está un poco rota pero muy bien equipada. Una alternativa recomendable es realizar una combinación de la clásica y la directa, escalando la cueva y cruzando hacia la directa inmediatamente después.


Largo 1 (V – IV/A0) 20 metros: Desde la entosta (R0) salir recto hacia un visible puente de roca encima de la reunión. Inmediatamente encima tenemos otro puente de roca y al llegar a la panza, la sortearemos por la derecha donde un parabolt nos protege de una eventual caída.

Superada la panza avanzaremos con tendencia a la izquierda por terreno fácil encontrando un puente de roca y un clavo, además de una pitonisa que no nos haría nada en caso de caída. La R1 -no muy cómoda- está situada debajo de la siguiente gran panza, al filo de la cara interna del Puro.



Largo 2 (6a - V/A0) 15 metros: Superamos la panza chapando un puente de roca y un parabolt bastante seguidos y un clavo un poco más arriba a la izquierda -recomendable chapar solo una cuerda aquí por el roce-. Una gran panza cierra el paso, por lo que la rodearemos por debajo hacia la derecha hasta otro puente de roca, en el filo de la cara exterior. De aquí a otro clavo -aquí chaparemos la otra cuerda- y volvemos hacia la izquierda, ya encima de la panza, hasta encontrarnos con la reunión. Atentos al chapaje alterno de las cuerdas; aunque el largo es muy corto puede rozar bastante si no chapamos correctamente.

Largo 3 (V) 20 metr
os: Precioso largo de sucesión de panzas fáciles de superar pero sin apenas equipamiento. Recomendable proteger el paso antes de entrar en la reunión.


Largo 4 (6a – V/A0) 25 metros: Atacar la salida en recto y la panza contornearla por la derecha para superarla. Clavo bailón tras el primer parabolt. Desde aquí, por un muro vertical recorrer siempre con ligera tendencia a la izquierda encontrando puentes de roca y pequeños clavos hasta llegar a la reunión.

Largo
5 (V+) 20 metros: Tradicionalmente, los largos 4 y 5 se realizaban de una sola tirada, opción igualmente recomendable en la actualidad. Salir hasta el parabolt y tratando de tocar lo menos posible la fisura que forma la entosta –rotísimo- y autoprotegiendo el paso, situarse en la cima de dicha entosta. Un spit asegura una posible caída en la salida al último muro por el que, por terreno cada vez más fácil, llegamos a la sirga de la cima.

Descenso: Igual que para la normal. Con cuerdas de 60 metros, rapelar por la cara interna hasta la chimenea.

Desde aquí, otro rápel hasta el cable que hace de pasamanos en la base de la Cueva. Montar el siguiente rápel se al otro lado del pasamanos depositándonos en la segunda reunión de la Normal, donde se realiza el último rápel volado hasta el suelo.

Los autores de las reseñas aquí publicadas son, por orden de aparición:
Elales
Alberto Rabadá
Miguel Ángel Lausín
Armand Ballart
Antonio García Picazo
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